En una entrevista a Silvio Rodríguez, éste rememora los conflictos que le generaron sus opiniones desde la televisión, los comienzos de la Trova cubana, y su viaje en el Girón, en el cual compuso su canción "Ojalá" a la que había sido su casi novia. Aprovecha Silvio para protestar por la interpretación por la cual se llegó a suponer que la canción había sido escrita en contra de Fidel. Aunque Silvio no lo sepa, y como es típico de muchas leyendas urbanas, en otras ocasiones se ha cambiado el destinatario de su canción (se llegó a decir incluso que se trataba de una velada alusión al dictador español Franco).
Le carrette del latte ahi (ay) mentre il sole sta per pungere (picar) i cani. Cosa insacca (embolsa) la morte sopra i selci (adoquines) nel fragore di bottiglie di sobbalzo? (traqueteo) Sulla faccia punge già il foglio del primo giornale col suo afrore (acritud) di piombo - immensa un'acqua passa deserta nel sangue a chi muove a un muro, e già a una scarica (descarga) una latta ha un sussulto (se sobresalta) fra i cocci (añicos). O amore, amore che disastro è nell'alba! Dai portoni dove geme (gime) una prima chiave, o amore non fuggire con l'ultimo tepore (calor) notturno - non scandire (deletrees) questi suoni, tu che ai miei denti il tuo tremito (temblor) imponi.
Ella. Ella vive. Ella vive así ya eternizada en la emulsión de gelatina y plata.
En ese preciso instante y para siempre todas las mujeres del tiempo que fue, del tiempo que es, del tiempo que será, me sonríen con su sonrisa, que no es para mí, lo sé, sino para la vida.
¿Lo demás? Lo demás es paisaje, naturaleza muerta, compensación de volúmenes, el equilibrio necesario de las masas.
Ella en movimiento detenido, suspendida en el aire sus pies besados por la arena. El resto es paisaje.
Una figura humana: el pintor de faunos es ahora el sátiro en acechanza de la ninfa. En actitud de coloso el minotauro que dibuja minotauros sujeta un parasol, en un gesto de atención mal simulado. Es paisaje.
Otra figura completa el bodegón. La barra en diagonal para énfasis de la verticalidad de la sombrilla. Es paisaje.
Y al fondo, el mar, contrapunto vital, aguarda sin ansia. Sabe que todo, la vida y los sueños, todo, también el paisaje, se volverá nada.
Excepto Ella.
P. Crespo, 29 mayo 2008.
Imagen: Fotografía de Robert Capa. Pablo Picasso, Françoise Gilot y Javier Vilató (sobrino de Picasso) / Golfe-Juan, Costa Azul, Francia, agosto 1948.
La Sinfonía nro. 41 es la KV 551, es decir la número 551 del catálogo de Koechel. Ludwig von Koechel catalogó en el siglo XIX las obras de Mozart. KV significa precisamente catálogo de Koechel en alemán (Köchel Verzeichnis). El orden pretendía ser cronológico, pero el catálogo original contenía obras de otros autores, atribuidas por error a Mozart, y omitía otras, y se han llevado a cabo varias revisiones del mismo. La última y más importante estuvo a cargo de Alfred Einstein en 1936.
Parece que fue J. P. Salomon, empresario alemán, establecido en Inglaterra, quien dio a esta sinfonía el nombre de "Júpiter", nombre de la suprema divinidad de la mitología romana. Con ello quiso probablemente resumir en una palabra el carácter triunfal, generoso y solemne de la obra. Compuesta poco después de la melancólica y rebelde Sinfonía Nº 40, representa la superación de estos sentimientos con una voluntad afirmativa y una majestuosidad que concuerdan con la tonalidad de do mayor. [esto no lo digo yo, lo dicen por ahí; parece verdad].
"La precariedad de mi estado financiero había sido, hasta la edad de doce años, el único problema sin complicaciones de mi vida. Pero una nueva dimensión iba a añadírse...¡Y yo estaba bien preparado para ella!
El caso es que el amor se apoderó de mi cuando tenía doce años. Llevaba aún pantalones cortos, pero un tenue vello empezaba a brotar de mi labio superior. Una jovencita, también de doce años, vivía en el apartamento de encima del nuestro. Tenía "una buena figura". Además de su buena figura, tenía numerosos tirabuzones castaños que caían agradablemente sobre su cuello, y dientes tan uniformes como los granos de una mazorca de maíz en un año de buena cosecha. Gracias a unas hábiles maniobras mías ella invariablemente me encontraba en el descansillo cada vez que subía a su piso.
Yo había estado ahorrando mis centavos durante cierto tiempo y finalmente había acumulado el dinero necesario para invitarla al teatro de variedades Hammerstein's Victoria. Yo nunca había estado allí, pero lo había oído mencionar frecuentemente. Tenía ahorrados 70 centavos y lo había calculado todo minuciosamente. Dos localidades de segundo anfiteatro, 50 centavos... Tranvía de ida y vuelta, 20 centavos. Total: 70 centavos. Hubiésemos podido ir andando, pero vivíamos en la Noventa y Tres Este, y el teatro estaba en la Cuarenta y Dos Oeste. Estábamos en enero, los días eran cortos y el tiempo ofrecía una imitación bastante buena de Laponia.
Cuando descendimos del tranvía en Times Square, Lucy estaba encantadora y yo muy guapo. Pero un granito de arena se había introducido en el engranaje. El granito de arena era un vendedor ambulante. Estaba instalado ante el teatro y vendía dulces de coco a cinco centavos la bolsa. Fiel a su sexo, Lucy contempló al vendedor y murmuró que el dulce de coco era su golosina predilecta y que cuál eran mis intenciones al respecto. Yo hice lo que todos los tontos han hecho en todas las épocas, cuando la belleza pide algo. Lo que aquella belleza no sabía era que su indiferente petición había echado por los suelos mi cuidadoso presupuesto y me había arruinado la tarde incluso antes de empezar.
Nos instalamos en el segundo anfiteatro, lejos, muy lejos del escenario. Los actores parecían enanos y los sonidos que preferían apenas si eran audibles desde nuestro observatorio. Más fuerte que las voces de los actores, sin embargo, era el continuo crujir de los dulces de coco, a medida que cada uno de ellos se deslizaba graciosamente por el bello gaznate de Lucy. Tal vez ella estuviese demasiado absorta en la representación para ofrecerse a compartir conmigo los dulces, o quizá supusiera que yo era diabético y, sintiendo por mí un amor loco, no deseaba poner en peligro mi salud. Cualquiera que fuese el motivo se los comió todos, migajas incluidas.
Quedé algo afectado por el egoísmo de Lucy, pero tenía ante mí un problema que me hizo olvidar incluso los dulces que no llegué a probar. Aunque registré esperanzadamente en mis bolsillos, únicamente encontré en ellos una solitaria moneda de cinco centavos. La vida era barata en aquellos días, pero no tanto como para que dos viajeros pudiesen subir a un tranvía por sólo cinco centavos.
La representación por fin terminó. Salimos en silencio del teatro. Al hallarnos en la calle nos encontramos con la oscuridad y una furiosa tormenta de nieve. Ahora me siento terriblemente avergonzado acerca de esto, pero recuerda que sólo tenía doce años, que hacía un frío tremendo y que Lucy se había comido todos los dulces. Además, si ella no me hubiese obligado a comprarle los dulces, me habrían sobrado diez centavos, suficiente para que ambos pudiésemos haber regresado a casa en tranvía.
Pese a todos los argumentos convincentes, todavía me quedaba algo de honor. Me volví hacia ella y le dije:
- Lucy, cuando salimos para el teatro de Hammerstein yo tenía setenta centavos, lo suficiente para las entradas y para el viaje de ida y vuelta. Yo no había proyectado comprar dulces. Yo no quería dulces. Has sido tú quien los ha pedido. Si llego a saber que querías dulces hubiese retrasado la invitación unas pocas semanas más. El caso es que sólo me quedan cinco centavos. Recuerda, Lucy, que tú te has comido los dulces y sabes muy bien que tengo perfecto derecho a irme a casa en tranvía y a dejar que tú regreses andando. Pero ya sabes que estoy loco por ti y que no puedo hacer tal cosa sin concederte una oportunidad. Escucha con atención. Voy a tirar esta moneda al aire. Tú eliges cara. Si sale cara tú tomas el tranvía. Si sale cruz, lo tomo yo.
Los dioses estaban de mi parte. Salió cruz.
Por alguna extraña razón, Lucy nunca volvió a dirigirme la palabra. La última vez que me vio fue como si yo hubiese muerto. Y, de llevar ella un cuchillo, seguro que lo hubiese utilizado.
De pronto, como un breve latigazo, mi nombre, Friedt, estalló en el aula. Yo me puse de pie, y un poco trémulo avancé hacia la mesa, entre las bancas. Era el examen último del curso y al que tenía más miedo: la gramática. Hice girar resuelto el bolillero Las dieciséis bolillas del programa resonaron en él lúgubremente y un eco levantaron en mi alma. Extraje dos: adverbio y sustantivo.
Me dieron a elegir una de ambas y elegí la segunda. -¿Y qué es el nombre? díjome uno y me asestó las gafas. Sentí luego un sudor por todo el cuerpo, se me puso la boca seca, amarga, y comprendí, con un terror creciente que yo del nombre no sabía nada. Revolvía allá adentro, pero en vano, me quedé en absoluto sin palabras.
Y empecé a ver la quinta en que vivíamos: el camino de arena, cierta planta, el hermano pequeño, mi perrito, el té con leche, el dulce de naranja, ¡qué alegría jugar a aquellas horas! Y sonreía mientras recordaba. -¡Pero señor -rugió una voz terrible-, el nombre sustantivo, una pavada!- Torné a la realidad: sobre la mesa los dedos de un señor tamborileaban, cabeceaba blandamente el otro, el tercero bebía de una taza.
Hacía gran calor. Yo tengo una cara redonda, simple, colorada, los ojos grises y los labios gruesos, el pelo rubio, la sonrisa clara. Yo quería jugar, no dar examen darlo otro día, sí, por la mañana...
Se me nubló la vista de repente, los profesores se me borroneaban, adquirió el bolillero proporciones gigantescas, fantásticas, oí como entre sueños: Señor mío, puede sentarse... -Y me llené de lágrimas.
Siguiendo con la relación sugerida por Isaac enla película Manhattan, presentamos a Groucho Marx y a Frank Sinatra cantando a dúo It's Only Money. Este pasaje pertenece a la película Double Dynamite, una comedia musical de 1951 protagonizada por Groucho Marx, Jane Russell y Frank Sinatra. En la misma Russell canta con Sinatra "Kisses and Tears" (letra de Sammy Cahn).
La película se filmó en 1948 como It's Only Money, pero se guardó hasta su presentación en 1951 con el título Double Dynamite ---en alusión al busto de Jane Russell---.
It's only money, it's only dough, But you can't get enough of the wonderful stuff Which we jingle or so It's only money, it's lost your way, But there's this thing about it that tells snooks without it The girls don't give dates I love the artwork, the Treasury sure does smart work, The nicest people we know Are the people who get their faces on dough. It's only money, it's only dough, And the people who crave it, who worship and save it, All come to know You can't take it with you when you go.
No siempre en una escena musical la frescura de la actuación de los personajes es tan contagiosa como en este caso. La espontaneidad es tanta que es evidente que los protagonistas, más que cumplir con un trabajo, disfrutan visceralmente del mismo.
A galopar...hasta enterrarlos en el mar. Del concierto en el teatro Alcalá de Madrid en mayo de 1991. Rafael Alberti y Paco Ibáñez.
Las tierras, las tierras de España, Las grandes, las solas desiertas llanuras, Galopa, caballo cuatralbo Jinete del pueblo, que la tierra es tuya A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar A corazón suenan, resuenan Las tierras de España en las cerraduras Galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo, que la tierra es tuya A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar nadie, que enfrente no hay nadie Que es nadie la muerte si va en tu montura Galopa caballo cuatralbo Jinete del pueblo, que la tierra es tuya A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar.
La pasada semana se publicó en la prensa que el director de La Specola ---el Observatorio Astronómico Vaticano---, el jesuíta argentino José Gabriel Funes, había afirmado que creer en Dios es compatible con la existencia de seres en otros mundos. Se citaban sus palabras dichas en el curso de una entrevista publicada en L'Osservatore Romano:
"Aun si no tenemos por el momento pruebas, no se puede excluir la hipótesis de que existan otros planetas habitados [...] Así como existe una multitud de criaturas sobre la Tierra, puede que haya otros seres, igualmente inteligentes, creados por Dios."
Según el parecer de Funes, proseguía la noticia, se puede hablar de "hermanos extraterrestres" del mismo modo que San Francisco de Asís llamaba "hermanos" a todos los entes terrestres.
Se decía asimismo que esta declaración tenía el "Nihil obstat" del propio Papa, Benedicto XVI.
Puesto que estamos en el siglo XXI, esta noticia debería haberme resultado natural además de esperable. No obstante produjo en mí una gran irritación, porque me trajo a la memoria un detalle de los procesos de petición de perdón por parte de la Iglesia católica, como parte de la preparación del Jubileo del año 2000, a personas, comunidades e instituciones que habían sufrido en el pasado persecución y condena por parte de las autoridades de dicha Iglesia. Se pidió entonces perdón a Galileo y a la comunidad científica, por haber negado en su día la validez de los nuevos descubrimientos astronómicos. El detalle al que me refiero, y que en su momento me produjo especial dolor, es que declaró explícitamente que se excluía del perdón a Giordano Bruno, al que la Inquisición había ordenado quemar vivo. Con esa declaración la Iglesia, por boca de Juan Pablo II, afirmaba aprobar el horrible tormento y la muerte infligidos al mencionado pensador. El tiempo había avanzado cuatrocientos años, pero la Iglesia católica seguía anclada en el año 1600.
Recordé que, al conocer esa declaración, unos amigos que publicaban una revista de astronomía me pidieron que escribiera unas palabras al respecto, glosando la figura de Bruno. Aunque estas palabras tienen, como se comprende por lo dicho, un enfoque pensado para aficionados a la astronomía, incluyo aquí el texto referido, porque fue Bruno justamente uno de los primeros, si no el primero, en exponer y justificar de modo razonable la posibilidad de la existencia de seres en mundos exteriores al nuestro.
Joseph Ratzinger, el actual papa Benedicto XVI, era entonces (desde 1981, año en que fue nombrado por Juan Pablo II, prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, que es el nombre que ha tomado la antigua Inquisición. Es muy posible que la no inclusión de Bruno en la petición de perdón se deba a la iniciativa del entonces cardenal Ratzinger, que en muchos aspectos era el consejero de Juan Pablo II. De hecho, el cardenal Ratzinger fue el principal inductor de la disolución del movimiento de los sacerdotes de latinoamérica conocido como Teología de la Liberación, producto de la toma de conciencia por parte de los sacerdotes católicos "de campo" ante el panorama de pobreza e injusticia que se mantenía desde siglos con la total indiferencia por parte de la Iglesia Católica, siempre partidaria de la opción de la limosna en lugar de abogar por la justicia social, y en todas partes y desde siempre solidaria con los estamentos del poder. Primero se "silenció" al teólogo franciscano brasileño Leonardo Boff, uno de los fundadores y probablemente el principal representante en ese momento de la doctrina de la liberación; más tarde se recurrió al expeditivo método de trasladar a países en otros continentes a todos los sacerdotes alineados con dicha doctrina.
La razón por la que la Iglesia Católica ha negado hasta ahora la posibilidad de vida inteligente en otros mundos se basa en la peregrina aseveración de que Jesús se encarnó una vez por todas y que la encarnación es un evento único e irrepetible, postura que sigue afirmando el propio Funes, aunque dice estar seguro de que esos eventuales seres también gozarían de la misericordia de Dios. La idea de la encarnación fue muy probablemente importada por el cristianismo a partir del hinduísmo. Muchas de las variantes del hinduísmo, en efecto, como puedan ser el Vaihnavismo y el Saivismo, predican que Dios se hace presente en ocasiones en la Tierra en la figura de un ser humano, con el fin de ayudar a los seres humanos en su lucha hacia la iluminación espiritual y la salvación (moksha). Tal encarnación es lo que se llama avatar, y se corresponde bien con la creencia cristiana de Dios en la Tierra bajo la forma de Jesús, con la diferencia de que para la cristiandad ese proceso tiene lugar una sola vez.
En el Ramayana se describe la vida de Rama, una de las más famosas encarnaciones hinduistas. El Mahabarata traza la vida de Krishna, del cual el Bagadav Gita (una de las escrituras de mayor importancia en el hinduismo) contiene las enseñanzas espirituales. Pero Krishna no se contempla como una única encarnación, sino como fuente de todas las encarnaciones. Así, el mismo Krishna dice (Bagavad Gita, IV 7-8)
Siempre que la virtud declina y aumenta la injusticia me convierto en cuerpo; En toda edad regreso Para entregar lo sagrado, Para destruir el pecado de los pecadores Para establecer la rectitud.
Otras religiones, como son el judaísmo rabínico y el islamismo, rechazan este concepto de la encarnación, que tan difícilmente convive con el carácter monoteísta de dichas creencias.
De las cosas por las que vale la pena vivir, de Manhattan (Woody Allen, 1979), el "Potato Head Blues" por Louis Armstrong, tocado en un gramófono de los años veinte, con su motor a cuerda.
Y para los que desconfían de que todo tiempo pasado fue mejor, esta versión de 2007, por The JazzAmerica Gumbo Combo, en beneficio por las víctimas incapacitadas del huracán Katrina.
Otra de las inolvidables escenas de la película Manhattan (Woody Allen, 1979) es la que nos presenta a Ike en su apartamento, tumbado en un sofá y dictando ideas para un cuento sobre gente de Manhattan.
No he encontrado la versión castellana, pero la cosa va más o menos así:
Idea para un cuento... sobre, mm, gente de Manhattan, que, eh, que continuamente se crea terribles problemas neuróticos, innecesarios, porque eso les permite evadirse de, eh, otros problemas más graves y aterradores del, mmm, del universo.
Mm, eh, es.. bueno, tiene que ser optimista. Bien, eso es, ¿por qué vale la pena vivir? Es una buena pregunta. (Suspira) Mm. (Carraspea, luego suspira) Bueno (suspira), hay varias cosas que...que creo que hacen que valga la pena. (Suspira) Eh, ¿cuáles?...Bien, para mí,...,mm, eh, yo diría .. Groucho Marx... por decir una, eh, mm (suspira) Willie Mays (suspira), mm, eh, el segundo movimiento de la Sinfonía Júpiter...y, mm, Louis Armstrong, el "Potato Head Blues"...(suspira) mm, las películas suecas, naturalmente, .."La educación sentimental" de Flaubert, (suspira), eh, Marlon Brando, Frank Sinatra, (suspira) mm, las increíbles manzanas y peras de Cézanne, ...(suspira) eh, los cangrejos de Sam Wo's, ...eh, mm (suspira) la cara de Tracey (risita)...(Suspira) ...
[en lugar de Willie Mays en italiano se cita a Joe Dimaggio; en la película española es posible que cite a Jimmy Connors]
En el original (tomado de Wikiquote):
An idea for a short story about ... um ... people in Manhattan who ... er ... are constantly creating these real unnecessary neurotic problems for themselves - because it keeps them from dealing with more unsolvable terrifying problems about ... er ... the universe - Um, tsch -- it's, uh ... well, it has to be optimistic. Well, all right, why is life worth living? That's a very good question. Um. Well, there are certain things I - I guess that make it worthwhile. Uh, like what? Okay. Um, for me ... oh, I would say ... what, Groucho Marx, to name one thing ... uh ummmm and Willie Mays, and um, uh, the second movement of the Jupiter Symphony, and ummmm ... Louie Armstrong's recording of "Potatohead Blues" ... umm, Swedish movies, naturally ... "Sentimental Education" by Flaubert ... uh, Marlon Brando, Frank Sinatra ... ummm, those incredible apples and pears by Cézanne ... uh, the crabs at Sam Wo's ... tsch, uh, Tracy's face ...
Escena de la imagen: Exterior al amanecer, junto al puente de la calle 59. Mary (Mary Wilke / Diane Keaton) y Ike (Isaac Davis / Woody Allen) están sentados, de espaldas a la cámara, en un banco, mirando al río. El perro está tumbado en el suelo.
Mary: ¿Verdad que es precioso, Ike? Ike: Sí, es tan...tan bonito realmente cuando asoman las primeras luces. Mary: Sí, ya lo creo. Me encanta. Ike: Vaya... Mary: Hm. Ike (suspira): ...ésta es realmente una gran ciudad. No me importa lo que digan los demás. Es tan... la verdad es que es algo definitivo, ¿no te parece? Es... Mary (suspira): Sí. Creo que debo irme ya. Tengo una cita con Yale más tarde para almorzar. (Suspira). Se levantan del banco y se van. Ike (suspira): Hm.
En la distante bruma del tiempo desde Egipto llegasteis. Con el grano os trajeron para cuidar del grano, y como grano desparramado. a lo amplio de la vieja ciudad os fuisteis sembrando.
Os he visto bajo mostradores de especias, vuestra piel rivalizando con la seducción de su oferta de colores.
Os contemplé esfinges al pie de minaretes y dormitar confiados sobre alfombras apiladas y os diría, si pudiera, que no hay diseño como la trama bruja de vuestro manso pelo.
Os sorprendí fingidos guardianes junto a puertas de sinagogas y os pude ver altivos sultanes paseando vuestra majestad por jardines de palacios que fueron.
Erais saetas cruzando corredores de bazares y olvidaba yo el mar si en los muros vuestras siluetas se recortaban sobre el Bósforo.
Os recuerdo cruzando calles indiferentes y calmos entre torrentes de multitud.
Hechiceros de la noche: os miré una vez a los ojos y supe innecesarias las luminarias de la altura. P. Crespo
Coplas hechas sobre un éstasis de harta contemplación
Entréme donde no supe y quedéme no sabiendo, toda ciencia transcendiendo.
Yo no supe dónde entraba porque cuando allí me vi sin saver dónde me estaba grandes cosas entendí; no diré lo que sentí que me quedé no sabiendo, toda sciencia trascendiendo.
De paz y de piedad era la sciencia perfecta, en profunda soledad entendida vía recta, era cosa tan secreta que me quedé balbuciendo, toda sciencia trascendiendo.
Estava tan embebido tan absorto y ajenado que se quedó mi sentido de todo sentir privado, y el espíritu dotado de un entender no entendiendo, toda sciencia trascendiendo.
Quanto más alto se suve tanto menos se entendía que es la tenebrosa nuve que a la noche esclarecía, por eso quien la sabía queda siempre no sabiendo, toda sciencia trascendiendo.
El que allí llega de vero de sí mismo desfallesce quanto sabía primero mucho baxo le parece, y su sciencia tanto crece que se queda no sabiendo, y su sciencia trascendiendo.
Este saber no sabiendo es de tan alto poder que los sabios arguyendo jamás le pueden vencer, que no llega su saber a no entender entendiendo, toda sciencia trascendiendo.
Y es de tan alta excelencia aqueste summo saber que no ay facultad ni ciencia que le puedan emprender quien se supiere vencer con un no saber sabiendo, yrá siempre trascendiendo.
Y si lo queréis oír consiste esta summa sciencia en un subido sentir, de la dibinal esencia es obra de su clemencia hazer quedar no entendiendo, toda sciencia trascendiendo.
En octubre del año 1937 regresa Miguel Hernández de un viaje a Moscú, adonde ha sido invitado formando parte de la delegación española al V Festival de Teatro Soviético. Ha pasado a su vuelta por París, donde volvió a ver a Octavio Paz, León Felipe y Alejo Carpentier.
En Valencia le han editado Viento del pueblo. Poesía en la guerra. Contiene poemas comprometidos, con ataques frontales a Hitler y a Mussolini. Son veinticinco poemas, muchos de los cuales habían sido escritos ya para periódicos y revistas. El que aquí presentamos está pensado como un lamento por Sevilla, ocupada ya por los militares sublevados, y contra el general golpista Queipo de LLano, el de "bigote de alambe groseramente astado".
Visión de Sevilla
¿Quién te verá, ciudad de manzanilla, amorosa ciudad, la ciudad más esbelta, que encima de una torre llevas puesto: Sevilla?
Dolor a rienda suelta: la ciudad de cristal se empaña, cruje. Un tormentoso toro da una vuelta al horizonte y al silencio, y muge.
Detrás del toro, al borde de su ruina, la ciudad que viviera bajo una cabellera de mujer soleada, sobre una perfumada cabellera, la ciudad cristalina yace pisoteada.
Una bota terrible de alemanes poblada hunde su marca en el jazmín ligero, pesa sobre el naranjo aleteante: y pesa y hunde su talón grosero un general de vino desgarrado, de lengua pegajosa y vacilante, de bigotes de alambre groseramente astado.
Mirad, oíd: mordiscos en las rejas, cepos contra las manos, horrores reluciendo por las cejas, luto en las azoteas, muerte en los sevillanos.
Cólera contenida por los gestos, carne despedazada ante la soga, y lágrimas ocultas en los tiestos, en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga.
Un clamor de oprimidos, de huesos que exaspera la cadena, de tendones talados, demolidos por un cuchillo siervo de una hiena.
Se nubló la azucena, la airosa maravilla: patíbulos y cárceles deguellan los gemidos, la juventud, el aire de Sevilla.
Amordazado el ruiseñor, desierto el arrayán, el día deshonrado, tembloroso el cancel, el patio muerto y el surtidor, en medio, degollado.
¿Qué son las sevillanas de claridad radiante y penumbrosa? Mantillas mustias, mustias
Miguel Hernández
Queipo de LLano se valió de la radio para sus arengas y para sembar el miedo. En sus intervenciones señalaba a las víctimas y azuzaba a los asesinos. Sus palabras se publicaban seguidamente en todos los periódicos del bando llamado nacional, hasta que en 1938 órdenes emanadas del mando en Salamanca las prohibieron, porque dañaban la imagen del alzamiento ante las potencias democráticas extranjeras. Su perfil de genocida carnicero queda patente en algunas de sus bravatas:
"Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen."
"Mañana vamos a tomar Peñaflor. Vayan las mujeres de los "rojos" preparando sus mantones de luto."
"Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad."
They sentenced me to twenty years of boredom For trying to change the system from within I'm coming now I'm coming to reward them First we take Manhattan, then we take Berlin I'm guided by a signal in the heavens I'm guided by this birthmark on my skin I'm guided by the beauty of our weapons First we take Manhattan, then we take Berlin I'd really like to live beside you, baby I love your body and your spirit and your clothes But you see that line there moving through the station I told you I told you I told you I was one of those You loved me as a loser but now your worried that I just might win You know the way to stop me but you don't have the discipline How many nights I prayed for this: to let my work begin First we take Manhattan, then we take Berlin I don't like your fashion business, mister I don't like these drugs that keep you thin I don't like what happened to your sister First we take Manhattan, then we take Berlin (chorus) And I thank you for those items that you sent me The monkey and the plywood violin I practiced every night and now I'm ready First we take Manhattan, then we take Berlin Remember me, I used to live for music Remember me, I brought your groceries in It's Father's Day and everybody's wounded First we take Manhattan, then we take Berlin
Un amigo nos dejó un comentario en la entrada "Pequeño vals vienés" (1 diciembre), poema de García Lorca. Allí se aludía a la canción de Leonard Cohen inspirada en el mismo. Lo volvemos a traer aquí en la voz de Enrique Morente.
Volver a los diecisiete después de vivir un siglo es como descifrar signos sin ser sabio competente, volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios, eso es lo que siento yo en este instante fecundo.
Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra, y va brotando, brotando, como el musguito en la piedra. Ay si si si
Mi paso retrocedido cuando el de ustedes avanza, el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido, con todo su colorido se ha paseado por mis venas y hasta las duras cadenas con que nos ata el destino es como un diamante fino que alumbra mi alma serena.
Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el mas claro proceder ni el más ancho pensamiento, todo lo cambia el momento cual mago condescendiente, nos aleja dulcemente de rencores y violencias, sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes.
El amor es torbellino de pureza original, hasta el feroz animal susurra su dulce trino, detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros, el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño y al malo solo el cariño lo vuelve puro y sincero.
De par en par la ventana se abrió como por encanto, entró el amor con su manto como una tibia mañana, al son de su bella diana hizo brotar el jazmln, volando cual serafín al cielo le puso aretes y mis años en diecisiete los convirtió el querubín.
Violeta Parra
Ya dijimos de Violeta en ocasiones anteriores. Esta canción pertenece al conjunto de lasúltimas que escribió, y que se publicaron en el disco "Las últimas composiciones" (1966), grabadocon sus hijos y con el músico Alberto Zapicán. "Gracias a la vida" pertenece también a estegrupo de últimas canciones, así como la no menos famosa "Run Run se fue pa'l norte", motivadapor la separación de Gilbert Favre, separación que, unida al vacío que apreciaba Violeta porparte del público chileno, terminaron por abocarla a su última decisión.
Dando tumbos por la red (¿qué palabra se podría utilizar para eso? El origen de zapping, un equivalente cuando se repasa la tele con un mando a distancia, es de etimología onomatopéyica) vine a topar con este rincón interesante que versa sobre "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez.
Cuando se encuentren con el libro, traten de pasar las páginas con la ayuda del puntero del ratón. Pronto no hará falta salir a la calle.
Encuentro que el ilustrador hace justicia al personaje de Pietro Crespi.
No es lo que me trae cansado este camino de ahora. No cansa una vuelta sola. Cansa estar todo un día, hora tras hora, y día tras día un año y año tras año una vida dando vueltas a la noria.
II
Que se quede así ya ---desnudo y vacío--- el corazón. ¿A qué vestirle de nuevo, a qué otra vez colmarle de amor si otra vez, al fin, ha de venir el tiempo a llevárselo todo como un ladrón?
III
Huyen. Se ve que huyen vueltas de espaldas a la tierra. Nosotros no hemos visto todavía los ojos de una estrella. Para buscar lo que buscamos (¿dónde está mi sortija?) una cerilla es buena, y la luz del gas, y la maravillosa luz eléctrica... Nosotros no hemos visto todavía los ojos de una estrella.
IV
¿Qué más a ser rey que ir de puerta en puerta? ¿Qué va de miseria a miseria?
V
¿Qué me importa que se borren los caminos de la tierra con el agua que ha traido esta tormenta? Mi pena es porque esas nubes tan negras han borrado las estrellas.
VI
Para mí el bordón sólo. A vosotros os dejo la vara justiciera, el caduceo, el báculo y el cetro. Para mí el bordón sólo del romero... Yo quiero el camino blanco y sin término.
La mala reputación (La mauvaise réputation, de Georges Brassens), en la versión de Claudina y Diego Gambino.
[La traducción que sigue no coincide con la de la canción, pero es otra de las versiones que también se han cantado.]
En mi pueblo sin pretensión Tengo mala reputación, Haga lo que haga es igual Todo lo consideran mal, Yo no pienso pues hacer ningún daño Queriendo vivir fuera del rebaño; No, a la gente no gusta que Uno tenga su propia fe No, a la gente no gusta que Uno tenga su propia fe Todos todos me miran mal Salvo los ciegos es natural.
Cuando la fiesta nacional Yo me quedo en la cama igual, Que la música militar Nunca me pudo levantar. En el mundo pues no hay mayor pecado Que el de no seguir al abanderado Y a la gente no gusta que Uno tenga su propia fe Y a la gente no gusta que Uno tenga su propia fe Todos me muestran con el dedo Salvo los mancos, quiero y no puedo.
Si en la calle corre un ladrón Y a la zaga va un ricachón Zancadilla doy al señor Y he aplastado el perseguidor Eso sí que sí que será una lata Siempre tengo yo que meter la pata Y a la gente no gusta que Uno tenga su propia fe Y a la gente no gusta que Uno tenga su propia fe Tras de mí todos a correr Salvo los cojos, es de creer.
Ya sé con mucha precisión Como acabará la función No les falta más que el garrote Pa' matarme como un coyote A pesar de que no arme ningún lío Con que no va a Roma el camino mío Que a le gente no gusta que Uno tenga su propia fe Que a le gente no gusta que Uno tenga su propia fe Tras de mí todos a ladrar Salvo los mudos es de pensar.
VARIANTE DU DERNIER COUPLET: No hace falta saber latín Yo ya se cual será mi fin, En el pueblo se empieza a oir, Muerte, muerte al villano vil, Yo no pienso pues armar ningún lío Con que no va a Roma el camino mío, No a la gente no gusta que Uno tenga su propia fe No a la gente no gusta que Uno tenga su propia fe Todos vendrán a verme ahorcar,
¡Ah, ese mayo del 68! Georges Brassens canta "La mauvaise réputation"
Au village, sans prétention, J'ai mauvaise réputation. Qu'je m'démène ou qu'je reste coi Je pass' pour un je-ne-sais-quoi! Je ne fait pourtant de tort à personne En suivant mon chemin de petit bonhomme. Mais les brav's gens n'aiment pas que L'on suive une autre route qu'eux, Non les brav's gens n'aiment pas que L'on suive une autre route qu'eux, Tout le monde médit de moi, Sauf les muets, ça va de soi.
Le jour du Quatorze Juillet Je reste dans mon lit douillet. La musique qui marche au pas, Cela ne me regarde pas. Je ne fais pourtant de tort à personne, En n'écoutant pas le clairon qui sonne. Mais les brav's gens n'aiment pas que L'on suive une autre route qu'eux, Non les brav's gens n'aiment pas que L'on suive une autre route qu'eux, Tout le monde me montre du doigt Sauf les manchots, ça va de soi.
Quand j'croise un voleur malchanceux, Poursuivi par un cul-terreux; J'lance la patte et pourquoi le taire, Le cul-terreux s'retrouv' par terre Je ne fait pourtant de tort à personne, En laissant courir les voleurs de pommes. Mais les brav's gens n'aiment pas que L'on suive une autre route qu'eux, Non les brav's gens n'aiment pas que L'on suive une autre route qu'eux, Tout le monde se rue sur moi, Sauf les culs-de-jatte, ça va de soi.
Pas besoin d'être Jérémie, Pour d'viner l'sort qui m'est promis, S'ils trouv'nt une corde à leur goût, Ils me la passeront au cou, Je ne fait pourtant de tort à personne, En suivant les ch'mins qui n'mènent pas à Rome, Mais les brav's gens n'aiment pas que L'on suive une autre route qu'eux, Non les brav's gens n'aiment pas que L'on suive une autre route qu'eux, Tout l'mond' viendra me voir pendu, Sauf les aveugles, bien entendu.
Por Paco Ibáñez y Cecilia Rosetto (vídeo realizado por Emilio Cartoy en homenaje a las Madres de Mayo):
de José Agustín Goytisolo.
PALABRAS PARA JULIA
Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada te sentirás perdida o sola tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás como a pesar de los pesares tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer así tomados, de uno en uno son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti cuando te escribo estas palabras pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás tu futuro es tu propia vida tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas que les ayude tu alegría tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás como a pesar de los pesares tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección y este mundo tal como es será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte nada más pero tú comprende que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso.
No deja de ser paradójico que quien escribió las palabras anteriores diera término a su vida lanzándose a la calle desde el balcón de su casa. José Agustín Goytisolo padeció depresiones en los últimos períodos de su vida, a las que no fue ajeno al parecer el alcohol ---¿causa o consecuencia de su malestar?---. Se suicidó el 19 de marzo (día de su santo) de 1999. Está claro que, en cierto modo, somos distintos 'yo' a lo largo del tiempo, como ya sentenciara Heráclito:
ποταμοις τοις αυτοις εμβαινομεν τε και ουκ εμβαινομεν, ειμεν τε και ουκ ειμεν τε En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]
Hubo una vez un gran murciélago rubio que se sentó junto a un barman. El murciélago tenía los ojos azules más lindos que el barman hubiera visto. Mientras volaban a 40 millas por hora en el Subterráneo Independiente, el barman se preguntó si esos cándidos ojos azules arderían en la penumbra como tranquilas llamas púrpuras, como las lamparitas azules de los extremos de las plataformas del subte. El vestido de ella estaba hecho de terciopelo negro con alas de seda negra y guantes de raso; llevaba una curiosa máscara, que revelaba más de su rostro de lo que ocultaba; sus zapatos eran de tacón alto y afelpados, y él advirtió que sus pies eran delicados, y se preguntó si ella estaría descalza debajo de esos zapatos o llevaría medias, y apostó a que tenía lindos dedos de los pies. Este barman se estaba enamorando. Era realmente algo raro: un barman enamorándose de una extraña chica rubia que llevaba un traje de murciélago, en un subterráneo. La mayoría de los idilios en subterráneo se bajan en la calle 34 para ir a una estación de ferrocarril de ahí a Saskatchewan: pero no tiene por qué ser de esa manera. Por ejemplo, en esta historia el barman no sólo tendrá el valor de hablarle a esta chica: hasta se enamorarán los dos. ¡Cómo!, dicen ustedes. Están un poco indignados. Me acusan de sadismo. Permitir que mi personaje, el barman gordo, de cara colorada, se enamore de esta muchachita. Ella se cansará pronto de él, dicen ustedes, lo dejará por un hombre más joven, más adecuado, pues a través de la riqueza y el buen gusto de su traje, y la dignidad y la gracia de sus rasgos, es obvio que proviene de una buena familia. ¡Cuán infeliz harás al barman!, me dicen ustedes. ¡Tonterías! Yo no voy a hacer infeliz al barman. Con seguridad, sin embargo, el barman tendrá muchos meses horribles después de esta noche de amor, y muchos años de tristeza después, pero esto no es la infelicidad, porque él hará muchas buenas acciones en agradecimiento al mundo por permitirle esta noche mágica. No, la infelicidad es otra cosa; la infelicidad es no tener el valor. Pero volvamos a la historia: el tren entró rugiendo en la estación de Delancey Street y los ojos del barman se le salieron de las órbitas porque montones de gente disfrazada estaban bailando y cantando y soplando cornetas y corriendo y gritando y exaltándose en la plataforma del subte. La chica se levantó. El barman se levantó también, y con ojos ausentes y distraídos la siguió hasta el andén y fue allí donde habló con ella. Ella lo miró, asombrada; lo miró de arriba a abajo; después se rió, pero no estaba riéndose de él, de eso estaba él seguro: era una risa de alegría que él iba a recordar. Ella corrió. El la persiguió! Ella corrió a través de la muchedumbre, era escurridiza, parecía deslizarse entre estos locos parranderos gesticulantes, mientras él tenía que luchar por cada pulgada y en su apasionada persecución le pisó un dedo a Napoleón, derribó a una bruja gorda y chillona, golpeó a un payaso en el estómago, sentó en el suelo a un sorprendido gorila, tropezó con la reina de Inglaterra, y ella corría y corría, fuera del subte, por Delancey Street hacia el río, hasta que él la atrapó y ella se quedó quieta en sus brazos mientras tomaba aliento, lanzando ocasionales risitas de alegría. Era tan suave que él la besó, y después caminaron juntos, del brazo, mirando los fuegos artificiales y las multitudes, deteniéndose aquí y allá para tomar una cerveza. ¡Toda la ciudad estaba de fiesta! Todo el mundo estaba disfrazado, todo el mundo tenía careta, y había reflectores, papel picado y fuegos artificiales por todas partes, como si fuera un maravilloso carnaval o algo así, y el barman se sintió un poco fuera de lugar con sus apagadas ropas de calle, sin una careta tan siquiera. Pero la chica le dijo que estaba muy bien vestido. Y él le preguntó qué era toda esa celebración, no había oído hablar de ninguna, pero ella simplemente se rió y lo besó, y eso fue todo. Y así bregaron felizmente a través de las multitudes y de la noche, deteniéndose de vez en cuando para bailar, con una extraña música lenta en las tabernas, o con el jazz salvaje que se tocaba en casi todos los rincones. Ella señaló un gran reloj en un edificio. Eran las once en punto. Ella lo hizo apurar hasta una larga fila que caminaba lentamente ante la plataforma de un jurado, y cuando les llegó el turno los jurados hicieron un gran alboroto sobre ellos, y un jurado insistía en señalar con admiración la corbata brillante del barman, de modo que ganaron el concurso y ambos obtuvieron grandes copas de amor. Los jurados los condujeron ante un gigantesco trono del amor, alzado muy por encima de la multitud que aclamaba, un tremendo almohadón, más grande que un colchón. ¡Era el trono para ellos! ¡Eran el rey y la reina de la noche! Habían ganado el concurso de disfraces. Entonces el barman escuchó un tremendo tañido, la muchedumbre empezó a gritar y a aullar. Él escuchó una sirena, baja, mucho tiempo. La calle Delancey había enloquecido. Su chica se sacó la máscara y él contuvo el aliento, tan hermosa era mientras señalaba el gran reloj en el edificio; ella lo dijo en susurros, tierna de pasión, amorosamente; le dijo: "¡Es medianoche! ¡Quítate la careta!".
Spencer Holst
(Qué autores tan geniales nos descubres, Alina. Gracias).
Artículo publicado el domingo 4 de mayo en El País Semanal:
Se me escapa el porqué, pero resulta evidente que cada vez interesa más crear una sociedad de pusilánimes. Se ha hecho raro que la gente dirima sus diferencias sin recurrir a alguna instancia superior o árbitro conminatorio: policía, jueces, comités, leyes, ordenanzas. Lo cual tiene, como primera consecuencia nefasta, la obsesión por reglamentarlo todo, cuando no todo ha de estar sujeto a reglamentos. Es más, cada vez que cualquier aspecto de la vida “sufre” una normativa, o algo que no lo era es convertido en delito, se está renunciando a una parcela de libertad. Intereses encontrados, desacuerdos, antipatías personales, individuos con afán de dominación, persuasores e intrigantes en busca de su provecho, todo eso lo ha habido siempre, y cada cual ha bregado con ello como ha podido o sabido, sin necesidad de elevar una denuncia, de recurrir a la autoridad, de chivarse al jefe, de implicar a otros en sus problemas. La cuestión principal es esa: hoy casi nadie está dispuesto a enfrentarse con sus problemas ni a resolverlos por su cuenta, sino que casi todo el mundo espera que “alguien” se los quite de encima.
Hace ya bastantes años que en las Universidades de los Estados Unidos empezó a hablarse del “acoso sexual visual”, lo cual llevó a la mayoría de profesores a impartir sus lecciones con la mirada perdida en el techo o en el infinito, no fuera a ser que, si la fijaban en alguien –quienes hemos enseñado sabemos que a veces uno la fija en un alumno o alumna de manera casual e involuntaria, sin en realidad mirarlos ni verlos, simplemente como “personificación” momentánea de la clase entera–, ese alguien los denunciara por “persistentes ojos lujuriosos” o algo por el estilo. Ahora leo que el “acoso” o “intimidación” laboral –que sin duda existe, sobre todo por parte de un superior a un inferior, pero apenas entre iguales: quiero decir que entre iguales no debería llamarse así– puede darse en cosas tan sutiles y nimias como eso, una mirada. “Imagínese”, dice el pusilánime Joel Neuman, director del centro de gestión aplicada de la SUNY-New Paltz School of Business, “que está sentado a una mesa de reuniones. Usted hace una propuesta y alguien lo mira y niega con la cabeza todo el rato”. Oh, santo cielo, qué terrible, y qué piel tan fina tienen tanto el señor Neuman como, por lo visto, buena parte de los trabajadores americanos y, por extensión, mundiales. Se trata, una vez más, de infantilizarlo todo: “Ay, Fulanito me ha mirado mal y no ha asentido mientras yo hablaba, y eso me ha intimidado un huevo”. Por favor. “Puede hacer mucho daño que a uno lo desprecien constantemente delante de sus iguales”, agrega el muy cursi señor Neuman. Pero él no es el único: la Asamblea Legislativa del Estado de Nueva York está preparando un proyecto de ley contra la intimidación laboral, y el catedrático David Yamada, de la Suffolk University Law School de Boston, ha redactado otro borrador de ley al respecto, arguyendo que “hay un vacío real en la ley, y alguien podría ser objeto de tormentos y humillaciones y estar sufriendo por ello”.
¡Tormentos y humillaciones! El mundo está lleno de personas timoratas y acomplejadas, que “sufren” por cualquier cosilla, esto es, por las cosas normales de la vida. Es algo corriente que uno caiga mal a unos y bien a otros, y que ambos grupos se lo hagan notar de alguna manera. Evidentemente está mal hacerle a alguien la vida imposible, e innegables putadas, y descarada y gratuita burla, o segarle la hierba bajo los pies para procurar su despido y usurpar su puesto. Pero no exageremos. “Entornar los ojos, lanzar una mirada intensa o un bufido displicente” no son, como sostiene el artículo del New York Times que cayó ante mi vista y ahora comento, “tácticas de intimidación en el puesto de trabajo”. Lo que al parecer quiere exigirse es que nadie ponga nunca el menor reparo a las propuestas, iniciativas o competencia de nadie, ni siquiera con miradas o gestos, aunque tales propuestas e iniciativas sean estupideces o del todo inviables y vengan de un incompetente. Y, a este paso, la restricción de las libertades acabará por ser asfixiante. No sé. Yo no soy nada dado a intervenir en mesas redondas, tertulias y demás inutilidades. Pero las pocas veces en que he participado en alguna, no he podido ni he querido evitar enarcar las cejas, o sonreír con ironía, o torcer el gesto –lo que un pusilánime pueril llamaría “poner caras”– mientras escuchaba a otro soltar barbaridades o majaderías (claro está, desde mi punto de vista). E, igualmente, no se me ha ocurrido quejarme si otro participante hacía lo mismo mientras era yo quien hablaba. Es lo normal, es lo natural y esperable, y quien se sienta “intimidado” o “acosado” por tamañas expresiones faciales, hasta el extremo de requerir que cesen y buscar amparo en una instancia superior o en una ley que regule los fruncimientos y las miradas de desaprobación o guasa, es simplemente un blandengue que no debería asomarse a una mesa redonda ni a una tertulia, ni tan siquiera correr el riesgo de trabajar en compañía. No caemos bien a todo el mundo, y a algunas personas les resultamos insoportables. Lo que decimos u opinamos le puede parecer idiota a cualquiera, y está en su derecho de hacérnoslo saber, o de hacérnoslo ver como mínimo. Eso no supone que nos estén “acosando” o “intimidando”, por caridad. Sino que forma parte, tan sólo, de las circunstancias de la vida. Pero ya se ve que, con tanta pamema, lo que hoy tiende a formarse son individuos tan débiles y sensibles que resulten incapacitados para lo único fundamental, es decir, para andar por esta vida.
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmando, como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades:
Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quienes somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, y calculo por eso con técnica, qué puedo. Me siento un ingeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: Poesía-herramienta a la vez que latido de lo unánime y ciego. Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: Lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.
Allá arriba, en el cielo, las cortinas ondularon, las cortinas ondularon, las cortinas ondularon y Mona Lisa entró por un extremo de una pequeña sala en la que colgaban muchas cortinas.
Allá ariba, en el cielo, las cortinas ondularon, ondularon, ondularon, y el Buda entró en la sala por el otro extremo.
Besarse a la luna, mujer, es besarnos en toda la muerte: descienden los labios, con toda la luna pidiendo su ocaso, del labio de arriba, del labio de abajo, gastada y helada y en cuatro pedazos.
Miguel Hernández
Imagen: El beso (1897), de Edvard Munch (1863 -- 1944). Munch Museet, Oslo.
De nuestro avanzado en las playas del Maresme, José Carlos, recibo esta rareza:
Para vuestro blog poesía esta extravagante curisosidad
(Jitanjáfora
Enunciado carente de sentido que pretende conseguir resultados eufónicos, o alteración de palabras adyacentes mediante el intercambio de sus terminaciones. )
Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que albando la toca
las altas suenas campanan;
y que los rebuznos burran,
y que los gorjeos pájaran
y que los silbos serenan
y que los gruños marranan
y que la aurorada rosa
los extensos doros campa,
perlando líquidas viertas
cual yo lágrimo derramas
y friando de tirito
si bien el abrasa almada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas.
Tú en tanto duerma tranquiles
en tu rega camalada
ingratándote así burla
de las amas del que te ansia
¡Oh, ventánate a tu asoma! ¡
Persiane un poco la abra
y suspire los recibos
que esta pobra exhale alma!
Ven, endecha las escuchas
en que mi exhala se alma
que un milicio de musicas
me flauta con su compaña,
en tinieblo de las medias
de esta madruga oscurada.
Ven y haz miradar tus brillas
a fin de angustiar mis calmas.
Esas tus arcas son cejos
con que flechando disparas.
Cupido peche mi hiero
y ante tus postras me planta.
Tus estrellos son dos ojas,
tus rosos son como labias,
tus perles son como dientas,
tu palme como una talla,
tu cisne como el de un cuello,
un garganto tu alabastra,
tus tornos hechos a brazo,
tu reinar como el de un anda.
Y por eso horo a estas vengas
a rejar junto a tus cantas ¡y a suspirar mis exhalos