jueves, 25 de septiembre de 2008
¡El salmo es mío!
Y la España que se llevó la canción se llevó el salmo también. Jamás oí en las catedrales españolas un salmo afilado que se pudiese clavar en el cielo, en la tierra o en la carne del Hombre.
Y siempre me preguntaba al entrar a las iglesias: ¿dónde estará el salmo? ¿dónde le habrán escondido los canónigos?
Durante el expolio de la última guerra española, lo encontré. Lo habían guardado los sacristanes en una vitrina y allí lo retenían como un idolillo inútil ya y sin sentido, para que lo contemplasen la erudición eclesiástica, los poetas pedantes y los turistas.
En Medellín, cuidad clara, ubérrima y levítica de Colombia, la prensa reaccionaria que como en todas partes vive de la calumnia asalariada, dijo en coro cuando pasé ya hace un año por allí, que yo era un rojo sacrílego que había robado los cálices y las joyas de las iglesias.
Pero no fué eso lo que robé. Fue algo más sagrado... Lo que me robé fue el salmo. Diré como pasó. Al final de la contienda, allá por los últimos días del año 1938, cuando los "rojos" se habían incautado de las iglesias y de los ornamentos sagrados (de los utensilios y de los cubiletes de los malabaristas y de los mercaderes del templo), yo me llevé el salmo.
Denunciadme al Sumo Pontífice, dadle mis señas, mostradle mi cédula (este libro es mi cédula).
Decidle que eso que va aullando en la ráfaga negra del viento por todos los caminos de la Tierra... es el salmo. Y que yo me lo llevo, que me lo llevo en mi garganta, que es la garganta rota y desesperada del Hombre a quién él ha dejado sin altar y sin tabernáculo.
No me lo robo. Me lo llevo... ¡lo rescato! El salmo es mío... ¡del poeta!... El salmo es una joya que les dimos en prenda los poetas a los sacerdotes.
¡Fué un préstamo!
Y ahora me lo llevo.
Cuando los arzobispos bendicen el puñal y la pólvora y pactan con el sapo iscariote y ladrón... ¿para qué quieren el salmo?
El poeta lo rescata... se lo lleva.
Porque el salmo es del poeta...
¡Mío!...
¡El salmo es mío!
León Felipe
ESPAÑA E HISPANIDAD
MÉXICO - BOGOTÁ
1942 - 1946
lunes, 12 de mayo de 2008
Poemas menores
No es lo que me trae cansado
este camino de ahora.
No cansa
una vuelta sola.
Cansa estar todo un día,
hora tras hora,
y día tras día un año
y año tras año una vida
dando vueltas a la noria.
II
Que se quede así ya
---desnudo y vacío--- el corazón.
¿A qué vestirle de nuevo,
a qué otra vez colmarle de amor
si otra vez, al fin, ha de venir el tiempo
a llevárselo todo como un ladrón?
III
Huyen. Se ve que huyen
vueltas de espaldas a la tierra.
Nosotros no hemos visto todavía
los ojos de una estrella.
Para buscar lo que buscamos
(¿dónde está mi sortija?) una cerilla es buena,
y la luz del gas,
y la maravillosa luz eléctrica...
Nosotros no hemos visto todavía
los ojos de una estrella.
IV
¿Qué más a ser rey
que ir de puerta en puerta?
¿Qué va
de miseria a miseria?
V
¿Qué me importa que se borren
los caminos de la tierra
con el agua
que ha traido esta tormenta?
Mi pena es porque esas nubes tan negras
han borrado las estrellas.
VI
Para mí el bordón sólo.
A vosotros os dejo
la vara justiciera,
el caduceo,
el báculo
y el cetro.
Para mí el bordón sólo del romero...
Yo quiero el camino blanco y sin término.
León Felipe
jueves, 28 de febrero de 2008
Qué lástima

Qué lástima
de León Felipe. Podrá escucharlo recitado por el propio autor.
Felipe León Camino Galicia nació en Tábara (Zamora) en 1884. Estudió en Salamanca y Santander, para terminar más tarde Farmacia en Madrid.
Abandonó España en 1938 para exiliarse en México, donde vivió hasta su muerte en 1968. Fue siempre un poeta política y socialmente comprometido.
El enlace siguiente es el de una biografía bien trazada del poeta.
En 1974 el gobierno mexicano rindió un homenaje a León Felipe al erigir una estatua en el parque de Chapultepec.
"El organizador de ese homenaje de Chapultepec fue Alejandro Finisterre, español que también fue durante muchos años exiliado en países latinoamericanos. Con motivo del acto de Almonaéid de Zorita. el señor Finisterre ha definido para EL PAIS las características fundamentales del escritor que fue su amigo: «Si alguien ha querido clasificar como poeta a León Felipe ha perdido el tiempo. León Felipe no es un poeta clásico ni tampoco romántico. Ni tradicional ni vanguardista. Ni de ayer ni de hoy. Es un poeta de siempre y de nunca. De todas las escuelas y de ninguna. León Felipe, gran poeta, fue lo contrario de un hombre de letras. No escribió para producir un sentimiento estético, aunque lo produjera, y de mucha hondura, sino para expresar una agonía: la suya propia, acaso la de otros muchos hombres.»
Alejandro Finisterre recuerda la definición de poesía que hizo León Felipe, escrita en el prólogo de El payaso de las bofetadas:
«Por hoy, y para mí, la poesía no es más que un sistema luminoso de señales. Hogueras que encendemos aquí abajo entre tinieblas encontradas, para que alguien nos vea, para que no nos olviden. ¡Aquí estamos, Señor! Y todo lo que hay en el mundo es mío y valedero para entrar en un poema, para alimentar una fogata. Todo, hasta lo literario, como arda y se queme. »
León Felipe fue, en lo político, recuerda Alejandro Finisterre, «el apóstol de la unidad revolucionaria. Hoy estaría, como siempre, con la concordia, pero como siempre también con la justicia por encima de todo. Con la concordia, pero no con la componenda.»
«León Felipe fue y sigue siendo». dice Alejandro Finisterre, «el pararrayos y el rayo de los grandes místicos revolucionarios: Camilo Torres, Che Guevara, Ernesto Cardenal... El diario boliviano Los Tiempos dio la noticia: en la mochila del Che Guevara sus asesinos encontraron un poema escrito de puño y letra del guerrillero muerto, poema dedicado a Cristo. En sus últimos momentos, decía el diario, el revolucionario había sentido la llamada de la fe de su infancia. Y transcribían el poema, que en realidad era del libro de León Felipe, Oh este viejo y roto violín. »
Entre los poemas inéditos de León Felipe hay uno que dedicó al sacerdote guerrillero nicaragüense Ernesto Cardenal.[...]"
viernes, 8 de febrero de 2008
Deshaced ese verso
Deshaced ese verso,
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía,
eso
será la poesía.
León Felipe
viernes, 4 de enero de 2008
El hacha - Elegía española
Lo mismo (Francisco de Goya, Los desastres de la guerra). Aguafuerte, punta seca, lavis, buril y bruñidor (162 x 223 mm.)
Dedicatoria
A los Caballeros del Hacha,
A los Cruzados del Rencor y del Polvo...
A todos los españoles del mundo.
... Los muertos vuelven,
vuelven siempre por sus lágrimas
(el muchacho que se fue tras los antílopes regresará también).
Nuestras lágrimas son monedas cotizables;
guardadlas todas ¡todas!
para las grandes transacciones.
Hay estrellas lejanas
¡y yo sé lo que cuestan!
El hacha
¡Oh, este dolor,
este dolor de no tener ya lágrimas;
este dolor
de no tener ya llanto
para regar el polvo!
¡Oh, este llanto de España,
que ya no es más que arruga y sequedad...
mueca,
enjuta congoja de la tierra,
bajo un cielo sin lluvias,
hipo de cigüeñal
sobre un pozo vacío,
mecanismo, sin lágrimas, del llanto!
¡Oh, esta mueca española,
esta mueca dramática y grotesca!
Llanto seco del polvo
y por el polvo;
por el polvo de todas las cosas acabadas de España;
por el polvo de todos los muertos
y de todas las ruinas de España,
por el polvo de una casta
perdida ya en la Historia para siempre!
Llanto seco del polvo
y por el polvo. Por el polvo
de una casa sin muros,
de una tribu sin sangre,
de unas cuencas sin lágrimas,
de unos surcos sin agua...
Llanto seco del polvo
por el polvo que no se juntará ya más,
ni para construir un adobe
ni para levantar una esperanza.
¡Oh, polvo amarillo y maldito
que nos trajo el rencor y el orgullo
de siglos
y siglos
y siglos...!
Porque este polvo no es de hoy,
ni nos vino de fuera:
somos todos desierto y africanos.
Nadie tiene aquí lágrimas.
Y ¿para qué hemos de vivir nosotros
si no tenemos lágrimas?
Y ¿para qué hemos de llorar ya más
si nuestro llanto no aglutina?
-ni en los clanes rojos
ni en las harcas blancas-.
En esta tierra
el llanto no aglutina;
ni el llanto ni la sangre.
Y ¿para qué sirve la sangre derramada
si no junta los labios de la casta?
Disolvente es la sangre en esta tierra
lo mismo que las lágrimas,
y ha clavado banderas
plurales y enemigas
en todos los aleros.
Los ídolos domésticos
hablaron vanidad.
Tierra arenosa sin riego,
carne estrujada sin llanto,
polvo rebelde de rocas rencorosas
y lavas enemigas,
átomos amarillos y estériles
del yermo,
aristas vengativas,
arenal de la envidia...
esperad ahí secos y olvidados
hasta que se desborde el mar.
¿Por qué habéis dicho todos
que en España hay dos bandos,
si aquí no hay más que polvo?
En España no hay bandos,
en esta tierra no hay bandos,
en esta tierra maldita no hay bandos.
No hay más que un hacha amarilla
que ha afilado el rencor.
Un hacha que cae siempre,
siempre,
siempre,
implacable y sin descanso
sobre cualquier humilde ligazón:
sobre dos plegarias que se funden,
sobre dos herramientas que se enlazan,
sobre dos manos que se estrechan.
La consigna es el corte,
el corte,
el corte,
el corte hasta llegar al polvo,
hasta llegar al átomo.
Aquí no hay bandos,
aquí no hay bandos,
ni rojos
ni blancos
ni egregios
ni plebeyos...
Aquí no hay más que átomos,
átomos que se muerden.
España,
en esta casa tuya no hay bandos.
Aquí no hay más que polvo,
polvo y un hacha antigua,
indestructible y destructora
que se volvió y se vuelve
contra tu misma carne
cuando te cercan los raposos.
Vuelan sobre tus torres y tus campos
todos los gavilanes enemigos
y tu hijo blande el hacha
sobre su propio hermano.
Tu enemigo es tu sangre
y el barro de tu choza.
¡Qué viejo veneno lleva el río
y el viento,
y el pan de tu meseta,
que emponzoña la sangre,
alimenta la envidia,
da ley al fratricidio
y asesina el honor y la esperanza!
La voz de tus entrañas
y el grito de tus montes
es lo que dice el hacha:
«Este es el mundo del desgaje,
de la desmembración y la discordia,
de las separaciones enemigas,
de las dicotomías incesables,
el mundo del hachazo... ¡mi mundo!
dejadme trabajar».
Y el hacha cae ciega,
incansable y vengativa
sobre todo lo que se congrega
y se prolonga:
sobre la gavilla
y el manojo,
sobre la espiga
y el racimo,
sobre la flor
y la raíz,
sobre el grano
y la simiente,
y sobre el polvo mismo
del grano y la simiente.
Aquí el hacha es la ley
y la unidad el átomo,
el átomo amarillo y rencoroso.
Y el hacha es la que triunfa.
Hay un tirano que sujeta
y otro tirano que desata...
y entre los dos tu predio, libertad.
¡Libertad, libertad,
hazaña prometeica,
en tensión angustiosa y sostenida
de equilibrio y amor!
¡Libertad española!
a tu derecha tienes
los grillos y la sombra
y a tu izquierda la arena
donde el amor no liga.
Se es esclavo del hacha
lo mismo que del cepo...
Y el desierto es también un calabozo;
el desierto amarillo
donde el átomo roto
no se pone de pie.
De aquí nadie se escapa. Nadie.
Por que dime tú, amigo cordelero,
¿hay quién trence una escala
con la arena y el polvo?
Español,
más pudo tu envidia
que tu honor,
y más cuidaste el hacha
que la espada.
Tuya es el hacha, tuya.
Más tuya que tu sombra.
Contigo la llevaste a la Conquista
y contigo ha vivido
en todos los exilios.
Yo la he visto en América
-en México y en Lima-,
Se la diste a tu esposa
ya tu esclava...
y es la eterna maldición de tu simiente.
Tuya es el hacha, el hacha:
la que partió el Imperio
y la nación,
la que partió los reinos,
la que parte la ciudad
y el municipio,
la que parte la grey
y la familia,
la que asesina al padre
-Alvargonzález,
Alvargonzález, habla-,
Bajo su filo se ha hecho polvo
el Arca,
la casta,
y la roca sagrada de los muertos;
el coro,
el diálogo
y el himno;
el poema,
la espada
y el oficio;
la lágrima,
la gota
de sangre,
y la gota
de alegría...
Y todo se hará polvo,
todo,
todo,
todo...
Polvo con el que nadie,
nadie,
construirá jamás
ni un ladrillo
ni una ilusión.
España no eres tú,
el de las harcas blancas,
ni tú,
el de los clanes rojos.
España es el hacha.
Y el hacha es la que gana.
Esta vez pierden todos, caballero.
(-Me esconderé en el portalón
detrás de la columna
y apostaré después
cuando la bola haya salido).
Esta vez pierden todos, caballero:
el que se esconde
y el que huye;
los jugadores de ventaja,
el tramposo,
el garitero
y el matón...
Y el hacha es la que gana.
Cobraremos todos en arena,
todos, hasta los muertos,
que esperan bajo tierra
la gloria y el rosal.
Esta vez pierden todos.
Obispos buhoneros,
volved las baratijas a su sitio:
los ídolos al polvo
y la esperanza al mar.
Hemos bajado el último escalón...
el que acaba en la cripta.
Mirad ahora hacia arriba
por el pozo viscoso de la Historia.
Allá,
en el disco apagado de la noche,
ni una voz
ni una estrella.
Nadie nos llama
ni nos guía,
y mientras nuestra sangre se desborda
el mundo juega al bridge
y el Gran Juez a los dados.
Fuimos un espectáculo anteayer,
pero hoy ya el circo está vacío.
La negra pantomima
fratricida de España,
la vio Tubal-Caín,
es vieja como el mundo,
como el odio y la envidia...
y hoy la enciende y la apaga
un empresario inglés.
Sin embargo, vosotros
podéis aun arroparos, si hace frío,
en una manta proletaria
o en un manto señorial.
Y apedrearme, si queréis,
maldecirme y gritar:
¡Muera ese falso augur
que ve mejor la grupa de la noche
que la frente de la mañana!...
Pero aquí en nuestras manos
sólo hay polvo y rencor.
-¡Eh, tú, Diego Carrión!,
¿qué insignia es ésa
que llevas en el pecho?
-El haz de flechas señorial.
-¿Y tú, Pero Vermúez?
-La estrella redentora y proletaria.
Españoles,
dejémonos de burlas.
No es ésta ya la hora de la farsa.
Vámonos poco a poco,
que en los nidos de antaño
no hay pájaros hogaño.
Yo fuí loco
y ya estoy cuerdo.
Nadie tiene aquí lágrimas,
pero tampoco risas.
Aquí no hay lágrimas
ni risas...
Aquí no hay más que polvo
¡Quitaos esas máscaras!
Nuestro símbolo es éste: el hacha.
Marcaos todos en la carne del costado
con un hierro encendido,
que os llegue hasta los huesos
el hacha destructora...
Todos,
Diego Carrión,
Pero Vermúez,
todos.
Y vamos a dormir,
a descansar en el polvo,
aquí,
en el polvo y para siempre.
No somos más que polvo.
Tú y yo y España
no somos más que polvo
polvo,
polvo,
polvo...
Nuestra es el hacha,
el hacha y el desierto,
el desierto amarillo
donde descanse el hacha,
cuando no quede ya
ni una raíz
ni un pájaro
ni un recuerdo
ni un nombre...
España,
¿por qué has de ser tú madre de traidores
y engendrar siempre polvo rencoroso?
Si tu destino es éste,
¡que te derribe y te deshaga el hacha!
Y aquéllos... ¿los del norte?
La elegía de la zorra
que la cante la zorra,
el buitre
la del buitre,
y el cobarde
la suya.
Cada raza y cada pueblo
con su lepra y con su llanto.
Yo lloro solamente las hazañas
del rencor
y del polvo...
y la gloria
del hacha.
Luego,
mañana..
¡para todos el mar!
Habrá llanto de sobra para el hombre
y agua amarga
para las dunas calcinadas...
León Felipe
miércoles, 10 de octubre de 2007
El gran relincho
The most beautiful neigh of the world
La gente suele decir, los americanos,
los norte-americanos suelen decir:
León Felipe es un "Don Quijote"
No tanto, gentlemen, no tanto.
Sostengo al héroe nada más ...
y sí, puedo decir ...
y me gusta decir:
que yo soy Rocinante.
No soy el héroe,
pero le llevo sobre el magro espinazo de mis huesos
y le oigo respirar ...
y he aprendido a respirar como él...
y a injuriar
y a blasfemar
y a maldecir
y a relinchar.
A mí me gusta mucho relinchar.
"¡Oh, hideputas! ... estos malos encantadores que me persiguen"
¿Cómo es aquel relincho, americanos?
Aquel que empieza:
¡Justí-í-í-cia!!
Aquí el acento cae sobre la í,
muy agudo y sostenido
como un vibrante y estridente cornetín:
¡Jus-tí-í-í-í-cia!! ¡Qué bonito relincho!
A Rocinante le gusta mucho relinchar.
Y a mí también me gusta mucho relinchar.
Tenéis que aprender, americanos.
Venid. Vamos a relinchar ahora,
ahora mismo todos juntos,
desde el capitolio de Washington...
fuerte, fuerte, fuerte...
hasta que el relincho llegue a Viet Nam
y lo oigan todos los vietnamitas,
y a Cuba también
y lo oigan todos los cubanos,
como el cornetín
de la gran victoria universal,
hasta que lo oigan los hombres todos de la tierra
como el cese definitivo de todas las hostilidades del planeta.
¡Justí-í-í-í-cia! ¡Oh, qué hermoso relincho!
The most beautiful neigh of the worid.
León Felipe