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martes, 4 de marzo de 2008

Consejo de paz

A Fernando Sagaseta
1
Muchachos que soñáis con las proezas
y las glorias marciales.
Bajaos del corcel, tirad la espada;
los héroes ya no existen o están en cualquier parte.
Llegará la hora cero de ser héroes
cualquier día cruzando cualquier calle.

2
Contables misteriosos
cerrarán un balance.
Decretarán la nada entre los hombres
misteriosos contables.
Cuando en los hondos sótanos,
valientes y cobardes
recen al Alto Mando
por un soplo de aire.
No los oirá ni Dios, que está más cerca;
no los oirá ya nadie.

3
Negación de los nombres.
Negación de las frases.
Si no sois primavera, espuma o viento,
Fuerzas de Tierra, Mar y Aire;
si el vendaval no sois ni la semilla,
ni la lluvia que nace de los mares,
usurpadores sois de las palabras
nobles y elementales.

4
Homicidas sin culpa se disfrazan
del color de la tierra y de los árboles,
con floridos ramajes en las frentes,
como en las bacanales...
Pero no son alegres las canciones
que inspira el mosto de la sangre.

5
Muchachos soñadores de epopeyas,
escuchadme:
El pecho es el lugar que se designa
para el balazo de los mártires.
El pecho, nave heroica
donde retumba el corazón amante,
donde el plomo penetra limpiamente
como en templo de sangre...
Pero sucia de barro y excremento,
cae la estatua de Marte.
Vuestras definiciones,
vuestras sabias verdades,
la inteligencia es pus sobre las frentes
de miles de cadáveres.
Y en la tierra abonada por la muerte
sólo he visto crecer la flor del hambre.

Muchachos soñadores,
bajaos de corcel, tirad el sable.
Cuando las botas pisen los olivos
y su símbolo aplasten,
coged su savia espesa, echadla al mar,
y veréis cómo aplaca tempestades.

Pedro Lezcano (Consejo de paz, 1965)

Nota: Por este poema, de nombre "consejo de paz", Pedro Lezcano y Salvador Sagaseta, el periodista que había aludido al mismo en la página literaria dirigida por él en el Diario de Las Palmas, fueron sometidos a un consejo de guerra. Pedro fue condenado a arresto domiciliario y Salvador Sagaseta fue castigado con la cárcel.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Oración profana

Mujer de la vida, eres
como la vida te ha hecho.
(A quienes hizo la muerte:
descansen entre los muertos).

Mujer estrella, que duermes
con el sol, mujer lucero.
Palabras vengo a decirte
sencillas como el dinero:
¿Ningún hombre te tomó
por el asa de tu cuerpo,
y te bebió, regalada,
gota a gota, beso a beso?

En tu profesión de cruz
con los dos brazos abiertos,
vendes amor y no tienes
amor que llevarte al pecho.
Perdona, virgen, estrella,
cerca de la mano y lejos.
Porque en esa encrucijada
de tus brazos y tu cuerpo,
bajo tus dos blancas lunas,
dormita un corazón huérfano.

Señora, perdona a nos
caricias sin sentimiento,
madrigales de blasfemias,
la sequía de tu pecho
y los frutos de tu vientre,
antes de ser flores, secos.
(Clavos de cobre en las manos
ponen al calvario un precio.
Corona de cinco espinas,
caricia de cinco dedos).

Señora, quiero en la noche
oscura de tu cabello
soñar que me has perdonado
las cosas que estoy diciendo.

Bendito sea el futuro
de tu vientre y de tu seno.
Bendita el agua bendita
que hay en tus labios y el fuego
que hay en tu sangre y el barro
bendito que hay en tu cuerpo.
Amén. Bendita tú eres.
Lo maldito sólo es nuestro.


Pedro Lezcano (Consejo de paz, 1965)

martes, 19 de febrero de 2008

El escultor de barro


A María Aurelia Sánchez

Yo no podré jamás ser un buen padre
con el pecho estrellado de condecoraciones
y el cuadro de un abuelo bien barbado,
modelo de mi prole.

A una mujer le brotarán mis hijos
tan milagrosamente como flores.

Llegarán preguntando a dónde vienen,
desde Dios sabe dónde.
Y yo, que he estado siempre entre preguntas,
¿qué responderé entonces?

Qué pena no poder ser un buen padre
ll
eno de tesis y de nombres,
con un consejo a flor de labio
y un dedo enarbolando las lecciones.

Mal puede un escultor hecho de barro
querer modelar hombres.

Ellos me pedirán para sus pasos
sendas seguras en el bosque.

—«Dejad la mano izquierda en el ocaso
y el corazón quemando el polo norte,
zaguero el sur y a la derecha el alba.
Y ahora que conocéis los horizontes
marchad —diré a mis hijos—
a donde oigáis cantar los ruiseñores».

Qué pena no poder ser un buen padre
de los que todo lo conocen,
y que vergüenza que mis hijos
se enteren por los libros de que hay padres mejores.

Les dejaré la herencia de mi frente,
un arca llena de interrogaciones.
¿Qué van a pensar ellos
sintiéndose tan pobres?

Qué lástima tener que ser mal padre,
tan viejo y triste junto a alegres jóvenes,
con la espalda curvada
de tanto cortar flores...

Pedro Lezcano (Consejo de paz, 1965)

domingo, 16 de diciembre de 2007

Al grupo MESTISAY, porque me pidió una letra para una canción.

Pedro Lezcano, autorretrato, publicado en Poesía

Que no me pida licencia
quien quiera cantar mis versos.
Mis palabras son de todos,
si no ¿para qué las quiero?

Me pertenecen mis manos,
que se irán conmigo al cieno,
pero mi voz ¡que se quede,
sonando en labios ajenos!

De ustedes es la canción
de la que yo soy un eco.
Al pueblo van mis palabras,
porque vinieron del pueblo.

¿Qué más inmortalidad
que un grupo de compañeros
haga resonar mi voz
cuando yo esté en el silencio?

Nada queda de los hombres
si no es palabra en el viento,
si no es voz en la memoria,
si no es música en el tiempo.

Pedro Lezcano

Para los camaradas de la ilustración

De vez en cuando llegan los puristas
con libros bajo el ala,
arquitectos del aire, paladines
de la revolución alambicada.
Descubren enemigos desviados,
revisan revisiones revisadas...
¡Aunque tuvieran la razón del mundo,
hoy su razones no nos hacen falta!

Hoy estamos aquí, codo con codo,
como en las barricadas.
Late la sangre clandestinamente.
En frente: los mastines de la patria.
Largas
son nuestras noches, pero hermosas.
Las verdades pintadas,
las voladoras hojas, mensajeras
del obrero del alba,
que las botas del orden
pisotearán mañana...
Todos somos impuros. No sabemos
de libros casi nada.
Marx, Lenin, Trosky y otros forasteros
hoy no están en Canarias
luchando con José, Francisco, Antonio,
Juan el de Lola, Luis el de La Palma...
Nos gustaría ser buenos marxistas
como Fidel o Che Guevara.

Pero es que cuando llegan los teóricos
no traen más enseñanzas
que hacer pasar por locos o traidores
a viejos camaradas.
Nuestra lucha de ideas se convierte
en lucha de palabras.
Y mientras tanto, en frente la jauría
impune engorda y ladra.

Nosotros, los impuros, os decimos:
Quizá tengáis razón, ¡pero mañana!
Hoy vuestras diferencias
desunen, desalientan y desarman.
Hoy no tenemos más que un enemigo;
encima está, pisándonos la espalda.
Frente a nosotros: sólo la hidrofobia.
Perros y amos de perros, alimañas
que tienen al país manos arriba
con las armas robadas.
Los demás son amigos.
Amigo es todo aquél que el puño alza
contra la explotación y la cadena.
Amigo es el que canta,
el que firma y rubrica una protesta
contra los oligarcas,
el que tiende la mano a un compañero,
el que sostiene una pancarta,
el que grita bien alto las verdades,
quitando de su boca la mordaza.
Compañeros son todos los que sienten
en los hondos del alma,
que es posible marchar hacia adelante,
y dan el primer paso de la marcha.
A todos regalamos nuestra mano.
(Nuestra mano es obrera y es barata).
Y a los que sabéis tanto nuestra mano
también os necesita y os emplaza
para que en un futuro,
cuando el sol tengamos de la patria
—sobre la tierra libre, no en el viento—
edifiquemos juntos nuestra casa.

Pedro Lezcano (a Germán Pírez) (De Furtiva Voz, 1950--1970)

Envío a TRIBUNA JOVEN

Os envío el poema prometido,
por el gesto de estar a vuestro lado.
¡Qué pobre es no tener sino palabras,
qué poca cosa es regalar un canto!
La boca es una herida que se cura
sólo cuando se cierra en el abrazo.

Verso o tambor: sonoro es lo vacío.
Tarde me he dado cuenta del fracaso.
¿Qué importan las altísimas estrellas
al hombre que no alcanza a su tejado?
A él le basta el alero
donde anidan los pájaros...

Si yo lograra dar a la palabra
forma de yunque, pesantez de arado,
convertirla en paloma o herramienta
que pudiera cogerse con las manos...
Si intentara quitarme esos laureles
para dar gusto al cotidiano caldo
del hombre que no tiene biblioteca,
pero sí tiene corazón y brazos...
Que el verso ya no fuera
un mensaje cifrado,
sino un objeto humilde y hogareño,
universal y necesario.
Arrullo para niños,
conseja para ancianos,
pie de las aleluyas,
o al menos epitafio.
Algo sencillo y vivo, intercambiable,
tibio como un cigarro,
que pudiera ofrecerse a los amigos,
como las buenas tardes da el ocaso.
Entonces yo os hubiera
enviado el poema sin reparo.
Me llamaríais Pedro, simplemente,
sin discriminativo de Lezcano,
y yo os diría: Amigos, hasta siempre,
perdonadme este vano,
trivial y palabrero
obsequio que os hago.


Pedro Lezcano (A Juan Betancor Sánchez)

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Recuerdo de tres mujeres saharauis

Esmula, Keltum, Suelma: tres mujeres
de la cercana y entrañable Africa.
Cada vez que recorren los caminos
de polvo sus sandalias,
despiertan una nube voladora
que llega hasta Canarias:
siroco isleño, hermano
rojo polen de Africa.
Vuestra tierra es la nuestra; la llevamos
en el pelo, en las uñas, en el alma...

Hoy los sirocos llegan mensajeros
del amargo destierro y de las lágrimas.
Yo pensé este poema
cuando estuve en el Sáhara
y vi que las mujeres
también sabían disparar armas.

"Cuando perece un hombre
se ha quebrado una espada;
si muere una mujer
muere el yunque y la fragua.
El hombre es hoy y ayer,
la mujer es mañana.
Que ella vierta su sangre
sobre el sagrado Sáhara
cuando alumbra una vida,
nunca cuando se apaga."

Pedro Lezcano (Las islas y el amor)

viernes, 23 de noviembre de 2007

El dado

No hizo nada más puro el intelecto
que esta cúbica nieve agusanada.
No hizo nada más sobrio, no hizo nada
más sencillo y más recto.

(Corros de manos mágicas y avaras
invocan -oh semilla de la suerte-
la rara veleidad de tus seis caras).

Calavera cubista. Matemática muerte.
Escultura a la idea y al acaso.
Pitágoras,
--------------retrato por
----------------------------Picasso.



Pedro Lezcano (de Consejo de Paz)

Aunque nacido Madrid, casi toda su vida transcurrió en Canarias, en la isla de Gran Canaria principalmente. Lo que más me fastidiaba es que me ganara al ajedrez. Pero en esa época era el único de las islas que figuraba con puntuación ELO en la FIDE (siempre es un consuelo).

Pero, ¿qué puedo decir yo de Pedro? Mis tíos Juan y Ana, tan amigos suyos, tampoco están ya. Será mejor que hable Wikipedia:

Sobre Pedro Lezcano