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domingo, 15 de marzo de 2009

Madrigal algébrico

Hay que ver qué cosas escribía uno cuando era joven. Es un poema dedicado a una siempre joven Margarita, que lo ha salvado de algún modo de las dentelladas del paso del tiempo, y me lo ha hecho llegar. Aquí lo tienen:


Madrigal algébrico, en compás de dos elevado al cubo, a Margarita Mejía.

Margarita: Flor sin gloria.
Aquellos que la deshojan,
se ajustan a la esencia
del álgebra binaria,
en la espera de por cuál
costado vendrá a morir.
Matemática cadencia,
péndulo de no y del sí.

Margarita : tú, sin penas.
Eres una buena amiga,
de las mentes electrónicas,
pero cuando te deshojas,
a toda hora, para todos,
tú ya no aplicas el álgebra
de una forma tan armónica :
tan solo el sí generoso,
de tu código se alcanza.

Margarita, sabes reir,
y yo te suelo pensar,
en inocente flirteo
con medio vaso de whisky
a equilibrada distancia,
o en seriedad respetable
sobre tu mesa inclinada
trabajando, siempre obrera.

Margarita, esta tarde
ven a cenar con nosotros;
te pondremos mantel limpio,
y te haremos comer poco,
y podrás cenar de pie,
también, si así lo deseas.

P. Crespo (año de María Castaña, la fotocopia es de color sepia)

lunes, 18 de agosto de 2008

A Federico García Lorca

Hoy se cumplen 72 años de la muerte de Federico García Lorca. Pensaron sus asesinos que era sólo una vida lo que tronchaban. Su torpeza de viles no conocía la medida de la inmensidad del discurso que segaban, ni de la terrible orfandad en que quedaban las almas con hambre y sed de poesía. Ni de lejos siquiera concibieron que se da pocas veces en el transcurso de las edades el milagro de la encarnación del verbo.


A Federico García Lorca.

Una embestida de toros sin ojos
las balas
fueron para tí, Federico.
Las cornadas trajeron el ropón
de tu noche más última.

En los colmillos del tiempo,
tras el telón, de tu lado,
desde entonces se evaporan
remisamente los átomos
del prodigio aquel que fuiste.

Sujeto a un reloj de arena
y desde este otro lado, yo,
precariamente despierto,
miro y aprecio la herencia
de tanto como alcanzó
a escribir tu fértil mano.
¡Qué colosal avenida,
donde tú la torrentera!


Hoy que la tarde se acerca
con su vestido de plomo
---las nubes ya se pusieron
todas su mantilla negra---
yo convoco las palabras
que entonces fueron tan tuyas.

Y ahora una procesión
de figuras y señales
discurre entre mi persona
y tu distante retrato.

Llegan solitarias unas,
de la mano vienen otras,
de algunas voy a decirte,
tan amigo, tan hermano.

Veo que se acerca la luna
con peineta de carey,
su grave rostro manchado
por lágrimas de mercurio.
Viene a pedirte perdón,
porque lastrada por siglos
de hondo miedo y de vergüenza
faltó a la cita postrera
¡tu cara luna andaluza!

Pasan también las adelfas
que cortaron de tu patio
los mismos que antes marcaron
aquella cruz en tu puerta.

Pasa la niña del pozo
la niña ahogada en el agua
¡agua que no desemboca!
Pasa la monja gitana

(pasan malvas y manteles)
Pasa un caballo asustado.
Pasa un perro cabizbajo.

Duerme tranquilo, lucero
de los versos de las noches.
Ya se fueron las cicutas,
ya no quedan más ortigas.
Ya sólo queda mi tienda
donde por ti vendo sombras.
Regalo a la vez faroles
para espantar las tinieblas.

P. Crespo

18 agosto 2008

sábado, 16 de agosto de 2008

Corrección del epitafio a Miguel Hernández

Corrección del epitafio a Miguel Hernández

«Miguel Hernández, poeta.»,

han puesto, por poner algo,
en la que es puerta de nicho,
de esa su cárcel postrera.


Pero desde que lo sé,
tengo aquí, dentro del pecho,
de un constante gritar sordo,

ronca la voz de mi ser.


Desde la garganta al vientre,

sangre ha manado la entraña
de mi espíritu, mordida
por infinidad de dientes.

Quiero gritarlo a las claras,

porque no resisto más:

¡La mitad de una verdad

es una mentira entera!

Necesito defenderme
para sanar de este mal,

y me sueño un carnaval

donde pueda disfrazarme.


Y me disfrazo de fiera

omnipotente y dispongo

que hoy toca, porque yo mando,

ejercicio de escritura.

No importa que quede escrito

con la herramienta que quieran,

pero que la losa sea

la misma que siempre ha sido.


Porque la Historia es la Historia
y no es un reloj redondo

donde de una hora el número

sirve para cualquier día.

Que la losa sea la misma

y tachemos, no borremos,

que ya sabemos el truco

de borrar, que el mundo olvida.

Y ahora, atentos al dictado;
escribiremos encima,

porque la Historia es la Historia

y no es un reloj redondo:


«
Miguel Hernández, dos puntos,
poesía, punto y coma,

poesía asesinada

a conciencia, paso a paso.
»

P. Crespo


19 mayo 1968

jueves, 14 de agosto de 2008

Pan y vino de guerra

Pan y vino de guerra

Sin cesar,
con la insistencia machacona
de una mecánica rutina
se amasan cuerpos de hombres
con harina de metralla.

Y tú comulgas, Señor,
con ese pan tuyo de cada día,
fabricado con plomo y carne humana,
sin que nadie te haya dicho:
«Toma mi carne y mis huesos,
Señor, este es tu pan,
y toma mi sangre aún caliente,
Señor, este es tu vino.»

Hacia Ti señalan
los dedos acusadores
de Caín y Abel.


P. Crespo
28 feb 69

martes, 12 de agosto de 2008

Usamos babero

Usamos babero

Como niños golosos y torpes
llevamos todos, bien sujeto al cuello,
un babero grande, de un gris uniforme,
donde dice “come y calla”,
como decía entonces,
cuando niños golosos y torpes.

Y también nos llevamos golosamente
---hambre---
nuestra ración a la boca en la mesa;
y también torpemente callamos
---miedo---
porque nos hace sombra el ala del castigo.

Pero ya no somos niños, desde luego, y se advierte
en que hemos aprendido modales,
y sabemos, al acabar el plato,
dejar durmiendo juntos,
paralelos, beatíficos y mansos,
al tenedor
y al cuchillo…

P. Crespo
18 nov 68

viernes, 8 de agosto de 2008

Adivinanza

Adivinanza

En lenguaje topológico,
un caracol invertido:
por dentro la baba-dura
(la baba-cáscara, huesos),
por fuera la baba-baba.

Babeando por los poros,
borracho de aire, tonto,
todos sus hipos del aire.

En términos generales,
si el sol está alto, lagarto,
y cuando la luna rueda,
lagarto nocturno, forma,
colgado horizontalmente
(pobre número de circo)
una cruz con el murciélago,
la estalactita del día.

Inarmónica babosa,
cuánticamente se arrastra
sobre un compás de dos arcos
(equilibrio cibernético).

Caracol envuelto en miedo.
Solitario que juega en
masturbación permanente
---baraja de mil colores,
todas las cartas trucadas---
un tramposo solitario.

Todas las cartas trucadas,
baraja de mil colores,
se fabrican en la baba
de ese cúbico-redondo
lugar de su geometría
donde se vuelve a encontrar
nuevamente al caracol:
baba-cáscara por fuera,
por dentro la baba-baba.


P. Crespo
5 junio 68

lunes, 23 de junio de 2008

Al dadivoso olivo

No eres un árbol, no, eres más bien el sueño
de la tierra fiera que para sí soñaba
con surgir en torrente vertical de lava
a través de la grieta abierta por su empeño.

Escultura del tiempo, que es así tu dueño,
te abrazas a ti mismo en actitud esclava,
mientras el externo rigor paciente graba
venas doloridas en tu cuerpo roqueño.

Creces torturado por tu vivir sediento
pero te rematas en tus mínimas hojas
y al fin te multiplicas en humildes frutos.

Y aunque tan sólo sabes del amor del viento
la vida reconoce que en tu entraña alojas
la esencia que brindas en dones diminutos.

P. Crespo (22 junio 2008)


miércoles, 18 de junio de 2008

La mariposa, la violeta y mi asombro

La mariposa, la violeta y mi asombro

¿Quién derramó esos colores
sobre tan frágil paleta?

¿quién sabía de los secretos
de esa rara geometría?

¿quién impuso las razones
de tan sutil simetría?

¿quién la posó quedamente
sobre esta humilde violeta?

P. Crespo

sábado, 14 de junio de 2008

Huyeron las mariposas

Delicadas mariposas
que acudían a borbotones
a visitar los balcones
tan repletos de macetas.
Eran ciertamente hermosas,
las mariposas.

Están llorando las flores
porque ahora en primavera
ya no llegan a su vera.
Ya no cumplen con el rito
de rendirles los honores
a las flores.

Con sus alados colores
que robaban el aliento
ya se fueron con el viento.
Y ahora cada primavera
¿de qué sirven sus olores
a las flores?

P. Crespo (13 junio 2008)

viernes, 13 de junio de 2008

La invención de la mariposa


Entonces era la brisa
que se movía presurosa
por toda selva frondosa,
aunque ella siempre dijera,
que nunca llevaba prisa,
la brisa.

Pero la brisa era viento
al que gustaban las flores
por sus formas y colores.
Y era incapaz de besarlas
a causa del movimiento,
el viento.

E inventó la mariposa
y la cubrió de colores
para engaño de las flores,
y así reparte sus besos
del cardo a la gentil rosa,
la mariposa.

P. Crespo (13 junio 2008)

domingo, 8 de junio de 2008

No sabía lo de Haroldo, pero

Desde que lo supe

la noche es un pozo ancho de espuma ciega,
bajo un horizonte frío la luna oculta
su palidez de anciana y una tos de tisis
y al otro lado del mundo, desconsolado,
bebiendo ceniza para asfixiar el llanto,
el sol surca el día esclavo de su sendero.

Atraviesan mis insomnios insectos rotos:
charreteras, botonaduras y galones
son la baba del miedo, el pus para la muerte.
En sórdidas celdas hace el terror sus nidos
y en ellas pone sus huevos y se alimenta.
Estatuas con sotana y ojos de madera
flanquean las sendas que llevan a la nada.

Naciste en Chacabuco y estás en ningún sitio.
Escupo a la maldad porque vuela tan raso,
tiene infectas las uñas y cubierto el rostro.
Maldigo a quienes secaron la calma fuente
de las palabras que manaban de tu pluma.
Trombas de lágrimas anegan mi garganta
y el llanto me reclama, hermano suspirante.


P. Crespo

A la memoria de Haroldo Conti.

viernes, 30 de mayo de 2008

Ella


Ella.
Ella vive.
Ella vive así ya eternizada
en la emulsión de gelatina y plata.

En ese preciso instante y para siempre
todas las mujeres del tiempo que fue,
del tiempo que es,
del tiempo que será,
me sonríen con su sonrisa,
que no es para mí, lo sé, sino para la vida.

¿Lo demás?
Lo demás es paisaje,
naturaleza muerta,
compensación de volúmenes,
el equilibrio necesario de las masas.

Ella en movimiento detenido,
suspendida en el aire
sus pies besados por la arena.
El resto es paisaje.

Una figura humana:
el pintor de faunos
es ahora el sátiro
en acechanza de la ninfa.
En actitud de coloso
el minotauro que dibuja minotauros
sujeta un parasol,
en un gesto de atención
mal simulado.
Es paisaje.

Otra figura
completa el bodegón.
La barra en diagonal
para énfasis de la
verticalidad de la sombrilla.
Es paisaje.

Y al fondo, el mar,
contrapunto vital,
aguarda sin ansia.
Sabe que todo,
la vida y los sueños,
todo,
también el paisaje,
se volverá nada.

Excepto Ella.

P. Crespo, 29 mayo 2008.

Imagen: Fotografía de Robert Capa. Pablo Picasso, Françoise Gilot y Javier Vilató (sobrino de Picasso) / Golfe-Juan, Costa Azul, Francia, agosto 1948.

martes, 20 de mayo de 2008

Gatos de Estambul

En la distante
bruma del tiempo
desde Egipto llegasteis.
Con el grano os trajeron
para cuidar del grano,
y como grano desparramado.
a lo amplio
de la vieja ciudad
os fuisteis sembrando.

Os he visto
bajo mostradores
de especias,
vuestra piel rivalizando
con la seducción
de su oferta de colores.

Os contemplé esfinges
al pie de minaretes
y dormitar confiados
sobre alfombras apiladas
y os diría,
si pudiera,
que no hay diseño
como la trama bruja
de vuestro manso pelo.

Os sorprendí
fingidos guardianes
junto a puertas
de sinagogas
y os pude ver
altivos sultanes
paseando vuestra
majestad
por jardines de
palacios que fueron.

Erais saetas
cruzando corredores
de bazares
y olvidaba yo el mar
si en los muros
vuestras siluetas
se recortaban
sobre el Bósforo.

Os recuerdo
cruzando calles
indiferentes
y calmos
entre torrentes
de multitud.

Hechiceros
de la noche:
os miré
una vez
a los ojos
y supe innecesarias
las luminarias
de la altura.

P. Crespo


domingo, 18 de mayo de 2008

Instantánea

Fue que la primavera de repente
lo sorprendiera en su invernal reposo
y al vestirlo con ropaje frondoso
mostrara su esplendor antes ausente.

Y con la luz de la que el sol es fuente
juega el álamo quedo y silencioso
y sabiéndose un árbol generoso
la difunde de nuevo en el ambiente.

En falanges de escudos plateados
se dispone su ejército de hojas
de las que irradian flechas de fulgores.

Árbol sabio de verdes azulados
cuando la suave lluvia a tí te moja
quieren tus ramas ser ramos de flores.

P. Crespo


martes, 29 de abril de 2008

Alejandra, tu vela no se apaga.


Me recuerda Alina que un día como hoy, un 29 de abril, sería (¿o lo es? ¿mueren los poetas, si su poesía sigue viva en nosotros?) el cumpleaños de Alejandra Pizarnik, que nació en Buenos Aires en tal fecha en 1936.

En 1972 Alejandra apagó la singular vela de su vida. Pero una vela que no se apaga sigue iluminando su personal obra poética. Este soneto quiere ser un modesto regalo de cumpleaños:

He arribado al puerto de tu noche
y llego así, descalzo y sin bandera,
por no turbar tu sueño sin frontera,
pues no quiero de ti ningún reproche.

Y engarzadas todas en un broche
aquí traigo flores de adormidera.
Que tu ensueño de muerta nunca muera:
yo te voy a pensar hasta el derroche.

Junto a tu calavera evaporada
dejo cosas traídas del asombro:
por ejemplo esta estrella de neutrones.

Ahora ensancho tu tumba con mi azada
y antes de mi partida yo te nombro,
Alejandra, y me pierdo sin razones.

P. Crespo

jueves, 14 de febrero de 2008

Tangencia

Tangencia

Era una noche quieta,
un descuidado otoño;
como en un cuento fácil,
tuvimos luna roja.

La ciudad a nuestro pie:
amasadas con orden,
hipertrofiadas estrellas,
y cúbicas galaxias.

Tu fuiste tierna y tibia,
como tu poncho, suave,
y te quiso sin prisas
mi corazón cansado.

Tus caricias tan limpias
yo no las merecía
(Las mías fueron torpes,
tú lo perdonas todo).

Tangencia espiritual,
nuestro primer contacto:
el eco de tu aliento
yo llevaré en mi aliento,
y el borde de tu alma
irá unido a la mía.

P. Crespo, (1967 ?)

sábado, 9 de febrero de 2008

¿Sabías?

¿En qué forja, María José, de dónde?
la hebra delicada de tu voz?
¿Sabías que cuando hablas
se alfombran de pétalos todas las veredas?
¿Sabías que cuando ríes
se cuela el arco iris por todas las ventanas?

¿Sabías, María José, sabías que cuando cantas
se pueblan de mariposas las habitaciones,
se pintan de amarillo las copas de los árboles,

el viento se niega a doblar las esquinas,
en las plazas de cemento se apagan
de asombro las farolas solitarias,
las palomas se acurrucan para escucharte,
y las olas de la mar no rompen sino que se
arrodillan para besar las playas?

Las notas de tu canto son barcos veleros,
limpios como el agua de donde nacen los ríos,
navegando horizontales pentagramas de aire,
y desparramando alegría por las azoteas.

Ahora, cuando la noche y mi perra se acechan mutuamente,
y cinturones de isóbaras cercan mi esqueleto,
yo contemplo dolido como lo anega todo la injusticia
y como a dentelladas se abren paso las guerras,
y escribo no obstante que érase una vez, no ha mucho,
que hubo un soplo de vida sobre esta desdichada raza humana.

Pedro Crespo, 1 de junio de 2003

domingo, 3 de febrero de 2008

Muchacha multiplicada

De legiones de bocas
en número incontable,
de legiones de bocas
ingrávidas y aladas,
se armaba la luz
para besar su cuerpo.

Imágenes ardorosas
se fugaban siguiendo
contrarias direcciones
para sumergirse
en los delgados
estanques de sendos
espejos enfrentados.

Así tocaban la arena
plateada de los fondos,
torcían el rumbo
de la huída y se cruzaban
en mitad de las sendas,
sin reconocerse.

Con ojos de sorpresa
contemplaba la joven
el juego repetido
e ilimitado de sus copias,
que al menguar se diluían
en el verde brumoso
de una marina
otoñal y remota.

Pedro Crespo, 25 enero 2008

viernes, 18 de enero de 2008

Elegía por un brujo

Ocho por ocho
sesenta y cuatro.
Porque no los contempla
la mirada del brujo,
sesenta y cuatro escaques
se han teñido de negro,
y ya no alternan
el claro y el oscuro,
porque no los contempla
la mirada del brujo.
Se apagó la luz en Islandia,
y la noche jugó al salto del caballo
de tablero en tablero
en una lúgubre danza
hasta cubrir el orbe.
Por vez primera
abandonaron a un tiempo
negras y blancas.
¿El rey negro? Tiró su corona negra.
¿El rey blanco? Tiró su corona blanca.
Los alfiles siguen los caminos rectos,
se rompieron las almenas de las torres,
los caballos se negaron a brincar,
los peones, todos a una,
retrocedieron un paso,
la reina negra llora en su casilla negra,
la reina blanca llora en su casilla negra.
Cuando avance el tiempo
y los peones den pasos al frente
y los caballos vuelvan a saltar quebradamente
y los alfiles vengan otra vez
por sus oblicuos derroteros
y las torres recompongan su testa
y la dama negra enjugue sus lágrimas
y la dama blanca recupere su casilla blanca,
entonces, sólo entonces,
tornaré a sentarme ante el tablero,
y pensaré en ti, Bobby,
aunque ahora sé muy bien
que ya no habrá más juego.
Pedro Crespo, 18 enero 2008

(Nota: la palabra enjuague se ha cambiado por enjugue tras la acertada observación del amigo Orlando Francisco Menéndez, a quien agradecemos la advertencia).

sábado, 5 de enero de 2008

Poema del amor desmesurado

Heme aquí, plantado ante tu puerta
en ofrenda desnudo,
como un olivo seco,
y con las venas abiertas.

Para que tomes las medidas
de mi amor he venido.
No preguntes por qué, amor,
pues he dejado rezagadas las razones;
pregúntale al amor, amor.

Y ahora ¿cuál el color de mi sangre?
De profundo azul marino se ha tornado.
No preguntes cómo, amor;
pregúntale al amor, amor.
Yo sé no más que un día dijiste
de un vasto mar y de un hechizo.
¿No ves como hacia ti avanza
este reguero de encajes espumosos?
Es la ola rompiente de mi sangre,
que se rinde ante tu playa, amor.

Y ahora, ¿no se ha tornado negra?
En líquida antracita ha devenido.
No preguntes cómo, amor;
pregúntale al amor, amor.
Yo tan sólo recuerdo
que una vez me hablaste
de una noche de azabache,
con su copa invertida
de mínimos fanales salpicada.
Verás que por ti brillan
gotas de mi sangre difundida,
por regalar ante tus pies
el reflejo de tu noche aquella.
No preguntes cómo, amor;
pregúntale al amor, amor.

Pedro Crespo, 5 enero 2008