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martes, 4 de diciembre de 2007

Ne me quitte pas

Ne me quitte pas
Il faut oublier
Tout peut s'oublier
Qui s'enfuit déjà
Oublier le temps
Des malentendus
Et le temps perdu
A savoir comment
Oublier ces heures
Qui tuaient parfois
A coups de pourquoi
Le coeur du bonheur
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas

Moi je t'offrirai
Des perles de pluie
Venues de pays
Où il ne pleut pas
Je creuserai la terre
Jusqu'après
ma mort
Pour couvrir ton corps
D'or et de lumière
Je ferai un domaine
Où l'amour sera roi
Où l'amour sera loi
Où tu seras reine
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas

Ne me quitte pas
Je t'inventerai
Des mots insensés
Que tu comprendras
Je te parlerai
De ces amants là
Qui ont vu deux fois
Leurs coeurs s'embraser
Je te raconterai
L'histoire de ce roi
Mort de n'avoir pas
Pu te rencontrer
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas

On a vu souvent
Rejaillir le feu
D'un ancien volcan
Qu'on croyait trop vieux
Il est paraît-il
Des terres brûlées
Donnant plus de blé
Qu'un meilleur avril
Et quand vient le soir
Pour qu'un ciel flamboie
Le rouge et le noir
Ne s'épousent-ils pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas

Ne me quitte pas
Je ne vais plus pleurer
Je ne vais plus parler
Je me cacherai là
A te regarder
Danser et sourire
Et à t'écouter
Chanter et puis rire
Laisse-moi devenir
L'ombre de ton ombre
L'ombre de ta main
L'ombre de ton chien
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas

Jacques Brel, 1959

Pueden ver al mismo Brel cantando su canción ---una de las más bellas canciones de amor, si no la que más--- aquí mismito.

Sobreactúa un poco, pero el resto es impecable. Y no, no se lo dice a usted en particular, es que la cámara se aproxima mucho. Y si lo encuentran un poco feuchín, es porque es belga, que no todos podemos ser argentinos, malhereusement.

Y pues que no recordaba yo que La ley del deseo de Pedro Almodóvar contiene una escena (¿histriónica, sería el adjetivo?) en la que se canta Ne me quitte pas.
Alina M. nos aclara que la voz corresponde a la cantante brasileña Maysa Matarasso. La pueden escuchar aquí.


lunes, 3 de diciembre de 2007

No me dejes

(Algunos versos del DIÁLOGO CON TERESA
me recordaron esta inmensa canción)


No me dejes.

Hay que olvidar.
Todo se puede olvidar:
lo que ya se fue.
Olvidar el tiempo
de los malentendidos
y el tiempo perdido.
Para aclararlos
olvidar esas horas
que mataban a veces
a golpes de porqués
el corazón de la felicidad.

No me dejes.

Yo te ofreceré
perlas de lluvia
venidas de países
donde no llueve.
Yo escarbaré la tierra
hasta después de mi muerte
para cubrir tu cuerpo
de oro y de luz.
Yo haré un reino
donde el amor será rey
donde el amor será ley
donde tu serás reina.

No me dejes.

Yo te inventaré
palabras locas
que tu comprenderás.
Yo te hablaré
de esos amantes
que han visto por dos veces
arder sus corazones.
Yo te contaré
la historia de un rey
que murió por no haber
podido encontrarte.

No me dejes.

Se ha visto a menudo
resurgir el fuego
del antiguo volcán
que se creía demasiado viejo.
Existen tierras quemadas
que dan más trigo
que un mejor abril.
Y cuando viene la noche
para que un cielo arda
el rojo y el negro
¿acaso no se unen?

No me dejes.

No voy a llorar,
no voy a hablar.
Yo me ocultaré
para mirarte
bailar y sonreír.
Y escucharte
cantar y después reír.
Déjame volverme
la sombra de tu sombra
la sombra de tu mano
la sombra de tu perro.

No me dejes.

Jacques Brel (Bélgica, 1929 _ 1978)
.

Diálogo con Teresa

Todo lo que me has dado ya era mío
y a tí mi libre condición someto,
soy un hombre sin pan ni poderío,
sólo tengo un cuchillo y mi esqueleto.
Crecí sin rumbo, fui mi propio dueño,
y comienzo a saber que he sido tuyo
desde que comencé con este sueño,
antes no fui sino un montón de orgullo.

Soy campesina de Coihueco arriba,
llegué a la nave para conocerte,
te entregaré mi vida mientras viva
y cuando muera te daré mi muerte.

Tus brazos son como alhelíes
de carampangue, y por tu boca huraña
me llama el avellano y los raulíes.
Tu pelo tiene olor a las montañas.
Acuéstate otra vez a mi costado
como el agua del estero puro y frío,
y dejarás mi pecho perfumado
a madera con sol y con rocío.

¿Es verdad que el amor quema y separa?
¿Es verdad que se apaga con un beso?

Preguntar al amor es cosa rara,
es preguntar cerezas al cerezo.
Yo conocí los trigos de Rancagua,
viví como una higuera en Melipilla,
cuanto conozco lo aprendí del agua,
del viento y de las cosas más sencillas.
Por eso a ti, sin aprender la ciencia,
te vi, te amé, y te amo bienamada,
tú has sido, amor, mi única impaciencia,
antes de ti no quise tener nada.
Ahora quiero el oro para el muro
que debe defender a tu belleza,
por ti será dorado y será duro
mi corazón como una fortaleza.

Sólo quiero el baluarte de tu altura,
sólo quiero el oro de tu arado,
sólo la protección de tu ternura,
mi amor es un castillo delicado,
y mi alma tiene en ti sus armaduras:
las resguarda tu amor enamorado.

Me gusta oír tu voz que corre pura,
como la voz del agua en movimiento,
y ahora sólo tú y la noche oscura,
dame un beso mi amor, estoy contento,
beso a mi tierra cuando a ti te beso.

Pablo Neruda

De Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, este diálogo es una de las más bellas declaraciones de amor. La versión cantada por Olga Manzano y Manuel Picón es muy lograda.

Esta obra escénica del poeta chileno Pablo Neruda fue publicada en 1967 y estrenada, en octubre del mismo año, en el teatro Antonio Varas, bajo la dirección de Pedro Orthous. En la "Antecedencia" que precede a esta cantata u oratorio, Neruda reivindica para Chile la figura de Murieta, y rechaza la teoría según la cual no existió un único y verdadero Murieta, sino que las hazañas atribuidas al mismo fueron cumplidas por siete jefes de siete bandas distintas. Después nos dice que la obra es "trágica, pero, también, en parte está escrita en broma. Quiere ser un melodrama, una ópera y una pantomima". Y así, el cortejo fúnebre, inspirado, según confiesa Neruda, en una representación No que presenció en Yokohama, "debe tener mucho patetismo, pero patetismo andrajoso, lindando con lo grotesco".

En el prólogo, el poeta llama a "don Joaquín Murieta" "bandido honorable", pasando luego, en el primer episodio, a representar los efectos producidos entre los desheredados chilenos por el hallazgo de oro en California. Entre los que embarcan hacia California, inducidos por los tentadores, se encuentra Murieta, que en el segundo episodio, durante la travesía, conoce y se une a Teresa. Ninguno de estos dos personajes, protagonistas de la historia, aparece nunca en escena, sino que sólo se oyen sus voces, y en algún momento también se ve la sombra de Murieta.

Noticia

Este "post" ¿cómo se dirá en castellano? es de vida efímera y se auto destruirá en pocos días.

Su finalidad es la de llamar la atención acerca de algunas novedades que bien pudieran pasar inadvertidas:

* Se habrán fijado en que hemos incluido un enlace a la Bitácora de Juan Gelman. Margen derecho. Huelgan comentarios.

* Se ha incorporado un enlace nuevo, para reír o para llorar, según sea la cosa.

* Tengan la bondad de advertir también que hemos añadido un contador al blog. Véase en el margen derecho, al final. Gracias a este atento vigía sabremos si estamos solos en el universo.

Gracias por su atención.

domingo, 2 de diciembre de 2007

El niño yuntero

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja y, mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente,
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Miguel Hernández

"Adiós, hermanos, camaradas y amigos.
Despedidme del sol y de los trigos"

Mariano nos deja un comentario que vale la pena destacar:

"La frase final fue adjudicada al poeta Elvio Romero, autor de una bella semblanza sobre Miguel Hernández. Es casi seguro que Hernández no la dijo. Pero qué belleza, ¿no es verdad?."

sábado, 1 de diciembre de 2007

Pequeño vals vienés

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.


Federico García Lorca (Poeta en Nueva York)

Una variante de este poema, con música de Leonard Cohen (Take this Waltz), está cantada por Enrique Morente en el CD Omega (Morente y Lagartija Nick), con un resultado que merece el calificativo de asombroso.

La voz es de Morente, los arreglos de acordeón y teclado de Tomás San Miguel, al cajón El Bandolero, al contrabajo Javier Losada y la percusión a cargo de José Antonio Galicia.

Recomendamos la audición de esta pieza y también la del disco completo.

Morente había prometido a Leonard Cohen (¿reunión en Madrid en 1993?) cantar sus adaptaciones musicales de los poemas de Lorca. El poeta de Granada ha ejercido una gran influencia sobre Cohen, como reconoce éste (una de sus hijas se llama Lorca Cohen).


Versión del propio Cohen

?

Estrellas que entre lo sombrío,
de lo ignorado y de lo inmenso,
asemejáis en el vacío,
jirones pálidos de incienso,

nebulosas que ardéis tan lejos
en el infinito que aterra
que sólo alcanzan los reflejos
de vuestra luz hasta la tierra,

astros que en abismos ignotos
derramáis resplandores vagos,
constelaciones que en remotos
tiempos adoraron los Magos,

millones de mundos lejanos,
flores de fantástico broche,
islas claras en los océanos,
sin fin, ni fondo de la noche,

¡estrellas, luces pensativas!
¡estrellas, pupilas inciertas!
¿Por qué os calláis si estáis vivas,
y por que alumbráis si estáis muertas?.



José Asunción Silva (Colombia, 1865 - 1896)