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viernes, 27 de agosto de 2010

Oda al Santísimo Sacramento del altar (II)

II - Mundo

Agnus Dei qui tollis pecata mundi. Miserere nobis

Noche de los tejados y la planta del pie,

silbaba por los ojos secos de las palomas.
Alga y cristal en fuga ponen plata mojada
los hombros de cemento de todas las ciudades.

La gillette descansaba sobre los tocadores
con su afán impaciente de cuello seccionado.
En la casa del muerto, los niños perseguían
una sierpe de arena por el rincón oscuro.

Escribientes dormidos en el piso catorce.
Ramera con los senos de cristal arañado.
Cables y media luna con temblores de insecto.
Bares sin gente. Gritos. Cabezas por el agua.

Para el asesinato del ruiseñor, venían
tres mil hombres armados de lucientes cuchillos.
Viejas y sacerdotes lloraban resistiendo
una lluvia de lenguas y hormigas voladoras.

Noche de rostro blanco. Nula noche sin rostro.
Bajo el sol y la luna. Triste noche del mundo.
Dos mitades opuestas y un hombre que no sabe
cuándo su mariposa dejará los relojes.

Debajo de las alas del dragón hay un niño.
Caballitos de cardio por la estrella sin sangre.
El unicornio quiere lo que la rosa olvida,
y el pájaro pretende lo que las aguas vedan.

Sólo tu Sacramento de luz en equilibrio
aquietaba la angustia del amor desligado.
Sólo tu Sacramento, manómetro que salva
corazones lanzados a quinientos por hora.

Porque tu signo es clave de llanura celeste
donde naipe y herida se entrelazan cantando,
donde la luz desboca su toro relumbrante
y se afirma el aroma de la rosa templada.

Porque tu signo expresa la brisa y el gusano.
Punto de unión y cita del siglo y el minuto.
Orbe claro de muertos y hormiguero de vivos
con el hombre de nieves y el negro de la llama.

Mundo, ya tienes meta para tu desamparo.
Para tu horror perenne de agujero sin fondo.
¡Oh Cordero cautivo de tres voces iguales!
¡Sacramento inmutable de amor y disciplina!

Federico García Lorca (Homenaje a Manuel de Falla)

jueves, 19 de agosto de 2010

Miguel Hernández - Cronología

Una breve síntesis cronológica de la vida del poeta se puede encontrar en la dirección


que recoge un folleto editado por el ayuntamiento de Orihuela.


Oda al Santísimo Sacramento del altar (I)


I - Exposición

Pange lingua gloriosi corporis misterium.

Cantaban las mujeres por el muro clavado
cuando te vi, Dios fuerte, vivo en el Sacramento,
palpitante y desnudo, como un niño que corre
perseguido por siete novillos capitales.

Vivo estabas, Dios mío, dentro del ostensorio.
Punzado por tu Padre con aguja de lumbre.
Latiendo como el pobre corazón de la rana
que los médicos ponen en el frasco de vidrio.

Piedra de soledad donde la hierba gime
y donde el agua oscura pierde sus tres acentos,
elevan tu columna de nardo bajo nieve
sobre el mundo de ruedas y falos que circula.

Yo miraba tu forma deliciosa flotando
en la llaga de aceites y paño de agonía,
y entornaba mis ojos para dar en el dulce
tiro al blanco de insomnio sin un pájaro negro.

Es así, Dios anclado, como quiero tenerte.
Panderito de harina para el recién nacido.
Brisa y materia juntas en expresión exacta,
por amor de la carne que no sabe tu nombre.

Es así, forma breve de rumor inefable,
Dios en mantillas, Cristo diminuto y eterno,
repetido mil veces, muerto, crucificado
por la impura palabra del hombre sudoroso.

Cantaban las mujeres en la arena sin norte,
cuando te vi presente sobre tu Sacramento.
Quinientos serafines de resplandor y tinta
en la cúpula neutra gustaban tu racimo.

Federico García Lorca (Homenaje a Manuel de Falla)

miércoles, 18 de agosto de 2010

A mi hijo (Miguel Hernández)




Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!

Pablo Neruda

El poema que sigue, de Miguel Hernández, está dedicado a su hijo Manuel Ramón, que murió a los diez meses de edad, el 9 de octubre de 1938. Los ojos abiertos parecen presagiar la estampa del cadáver de Miguel, nacido un 30 de octubre hace ahora cien años, según se aprecia en el boceto que de él realizó el arquitecto Miguel Abad.

A mi hijo

Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
su color coronado de junios, ya es rocío
alejándose a ciertas regiones matutinas.

Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro,
como bajo la tierra, lluvioso, despoblado,
con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro,
como bajo la tierra quiero haberte enterrado.

Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas,
al fuego arrebatadas de tus ojos solares:
precipitado octubre contra nuestras ventanas,
diste paso al otoño y anocheció los mares.

Te ha devorado el sol, rival único y hondo
y la remota sombra que te lanzó encendido;
te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo,
tragándote; y es como si no hubieras nacido.

Diez meses en la luz, redondeando el cielo,
sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado.
Sin pasar por el día se marchitó tu pelo;
atardeció tu carne con el alba en un lado.

El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente,
carne naciente al alba y al júbilo precisa;
niño que sólo supo reir, tan largamente,
que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa.

Ausente, ausente, ausente como la golondrina,
ave estival que esquiva vivir al pie del hielo:
golondrina que a poco de abrir la pluma fina,
naufraga en las tijeras enemigas del vuelo.

Flor que no fue capaz de endurecer los dientes,
de llegar al más leve signo de la fiereza.
Vida como una hoja de labios incipientes,
hoja que se desliza cuando a sonar empieza.

Los consejos del mar de nada te han valido...
Vengo de dar a un tierno sol una puñalada,
de enterrar un pedazo de pan en el olvido,
de echar sobre unos ojos un puñado de nada.

Verde, rojo, moreno: verde, azul y dorado;
los latentes colores de la vida, los huertos,
el centro de las flores a tus pies destinado,
de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos.

Mujer arrinconada: mira que ya es de día.
(¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!)
Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mía,
la noche continúa cayendo desolada.

martes, 17 de agosto de 2010

Extraña fruta (2)


(viene del post anterior)

No está claro cómo llegó el poema anterior a conocimiento de Billie Holiday. La cuestión es tan confusa que hay quien concede la autoría a la propia Billie, claro está que sin ningún fundamento. Tampoco sabemos a ciencia cierta si la música es del propio Meeropol o surgió del propio grupo de la cantante.

Billie solía cantar este desgarrador lamento como cierre de sus actuaciones, con la iluminación en penumbra. Ella misma estuvo a punto de ser linchada por pretender cantarla en uno de los estados del Sur.

Repetimos el poema por si ayuda a seguir mejor la letra de la canción:

Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black body swinging in the Southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.
Pastoral scene of the gallant South,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolia sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh!
Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop.

martes, 3 de agosto de 2010

Extraña fruta

La imagen anterior reproduce la fotografía realizada por Lawrence Beitler del linchamiento de Thomas Shippy y de Abram Smith, el 7 de agosto de 1930 en Marion, Indiana. Cuando en 1937 vio esa fotografía, Abel Meeropol, un maestro judío de Nueva York, quedó tan impresionado que, según confesaría más tarde, la fotografía lo persiguió durante días y le inspiró el poema "Strange Fruit". Meeropol, miembro del Partido Comunista Americano, publicó el poema en el New York Teacher primero y más tarde en la revista marxista New Masses, al amparo del seudónimo Lewis Allan.



Strange Fruit

Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black body swinging in the Southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.
Pastoral scene of the gallant South,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolia sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh!
Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop.

Extraña fruta

Árboles sureños sostienen frutas extrañas,
Sangre en las hojas y sangre en la raíz,
Cuerpos negros se balancean en la brisa del sur,
Frutos extraños colgando de álamos,
Escena pastoril del cortés sur

Los ojos saltones y la boca torcida,
Aroma de magnolia dulce y fresco
¡Y de repente el olor a carne quemada!
Aquí está la fruta para que los cuervos la desgarren,
Para que la lluvia la reúna, para que el viento la arrastre,
Para que el sol la pudra, para que caiga de los árboles,
He aquí una extraña y amarga cosecha.



lunes, 24 de mayo de 2010

Y llegan tiempos difíciles

Y llegan tiempos en los que la indignación y la vergüenza son tan grandes que sobrepasan a todo cálculo y toda prudencia, y uno debe actuar, es decir, hablar.

John Maxwell Coetzee en "Diario de un mal año"

(publicado inicialmente por ikiru el 31 - enero - 2008, es objeto de incesantes comentarios de robots con fines publicitarios, lo que nos ha forzado a mudarlo de fecha. No ha perdido actualidad, por cierto.