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miércoles, 14 de octubre de 2009



GORRIÓN
No olvida, no se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrion, que pudo
volar pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.

Claudio Rodríguez

Zamora 1934-Madrid 1999

miércoles, 9 de septiembre de 2009

A Margarita Debayle

A Margarita Debayle

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,

un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vió una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fué la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
"Fuí a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad."

Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar."

Y dice ella: "No hubo intento;
yo me fuí no sé por qué;
por las olas y en el viento
fuí a la estrella y la corté."

Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver."

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

Rubén Darío
[Bahía de Corinto (Nicaragua) Isla del Cardón, marzo 20 de 1908]
Este poema está dedicado a una de las hijas del doctor Luis Henry Debayle Pallais, amigo del poeta.


To Margarita Debayle

Margarita, how beautiful the sea is:
still and blue.
The orange blossom in the breezes
drifting through.
The skylark in its glory
has your accent too:
Here, Margarita, is a story
made for you.

A king there was and far away,
with a palace of diamonds
and a shopfront made of day.
He had a herd of elephants,

A kiosk, more, of malachite,
and a robe of rarest hue
also a princess who was light
of thought and beautiful as you.

But one afternoon the princess
saw high in the heavens appear
a star, and being mischievous,
resolved at once to bring it near.

It would form the centrepiece
of a brooch hung with verse, pearl,
feathers, flowers: a caprice
of course of a little girl.

But also, because a princess,
exquisite, delicate like you,
the others then cut irises
roses, asters: as girls do.

But, alas, our little one went far
across the sea, beneath the sky,
and all to cut the one white star
that saw her wondering and sigh.


She went beyond where the heavens are
and to the moon said, au revoir.
How naughty to have flown so far
without the permission of Papa.

She returned at last, and though gone
from the high heavens of accord,
still there hung about and shone
the soft brilliance of our Lord.

Which the king noted, said: you,
child, drive me past despair,
but what is that strange, shining dew
on your hands, your face, your hair?

She spoke the truth; her words shine
with the clear lightness of the air:
I went to seek what should be mine
in that blue immensity up there.

Are then the heavens for our display,
with things that you must touch?
You can be altogether too outré,
child, for God to like you much.

To hear that I am sorry, truly,
for I had no plans as such. But,
once across the windy sky and sea
I had so much that flower to cut.

Whereupon, in punishment,
the king said, I'd be much beholden
if you'd go this moment and consent
to return what you have stolen.

So sad was then our little princess
looking at her sweet flower of light,
until and smiling at her distress
there stood the Lord Jesus Christ.

Those fields are as I willed them,
and your rose but signatory
to the flowers up there that children
have in dreaming formed of me.

Again the king is laughing, brilliant
in his robes's rich royalty,
he troops the herd of elephant,
in their four hundred, by the sea.

Adored and delicate, the princess
is once more a little girl
who keeps for brooch the star and, yes,
the flowers, and the feathers, the pearl.

Beautiful, Margarita, the sea is,
still and blue:
with your sweet breath have all the breezes
blossomed too.

Now soon from me and far you'll be,
but, little one, stay true
to a gentle thought made a story
once for you.

(Translator: C. John Holcombe 2005 2006 2007)

¿Qué les parece, la recitamos?

jueves, 11 de junio de 2009

Desencuentro


Estás desorientado y no sabés
qué “trole” hay que tomar para seguir.
Y en este desencuentro con la fe
querés cruzar el mar y no podés.

..............
Cátulo Castillo - Aníbal Troilo

Lástima que el resto de la letra de esta canción no esté a la altura del prometedor comienzo de la misma. No conocía este tango, hasta que esta misma mañana escuché cantar sus primeras palabras y cadencias surgiendo de un quiosco que acababa de rebasar. De inmediato detuve la marcha y volví sobre mis pasos, convencido de que alguien lo sabía todo acerca de mi. El quiosquero, Alberto, me habló de la canción, y aquí traigo su bello arranque. Lastimosamente, un desencuentro de estrofas. Aunque yo no sea quién para opinar.

Quizás escuchada así...se puede uno reconciliar con ella.

viernes, 29 de mayo de 2009

Jardín del cementerio

Una hoja resbala desde el árbol
y es tu mirada la que, vuelta mano,
detiene su caída unos instantes;
luego toca la tierra humedecida
por la blanca llovizna del verano
y se confunde
con un montón de hojas arrugadas.
Huele a calas, jazmines, crisantemos.

Das media vuelta y piensas
en cuándo serás tú, si caerá nieve.
Escribe un nombre propio el tiempo
en cada lápida
y sin embargo, hermosas,
cuelgan pequeñas flores del almendro.

Andrés Neuman (Argentina, 1977)

miércoles, 20 de mayo de 2009

¿Por qué cantamos?

Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil

usted preguntará por qué cantamos

si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza

usted preguntará por qué cantamos

si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro

usted preguntará por qué cantamos

cantamos porque el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino

cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos

cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota

cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta

cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.

Mario Benedetti

lunes, 18 de mayo de 2009

Montevideo era verde y con tranvías


Dactilógrafo

Montevideo quince de noviembre
de mil novecientos cincuenta y cinco
Montevideo era verde en mi infancia
absolutamente verde y con tranvías
muy señor nuestro por la presente
yo tuve un libro del que podía leer
veinticinco centímetros por noche
y después del libro
yo quería pensar en cómo sería eso
de no ser de caer como piedra en un pozo
comunicamos a usted que en esta fecha
hemos efectuado por su cuenta
quién era ah sí mi madre se acercaba
y prendía la luz y no te asustes
y después la apagaba antes que me durmiera
el pago de trescientos doce pesos
a la firma Menéndez & Solari
y sólo veía sombras como caballos
y elefantes y monstruos casi hombres
y sin embargo aquello era mejor
que pensarme sin la savia del miedo
desaparecido como se acostumbra
en un todo de acuerdo con sus órdenes
de fecha siete del corriente
eran tan diferente era verde
absolutamente verde y con tranvías
y qué optimismo tener la ventanilla
sentirse dueño de la calle que baja
jugar con los números de las puertas cerradas
y apostar consigo mismo en términos severos
rogámosle acusar recibo lo antes posible
si terminaba en cuatro o trece o diecisiete
era que iba a reír o a perder o a morirme
de esta comunicación a fin de que podamos
y hacerme tan sólo una trampa por cuadra
registrarlo en su cuenta corriente
absolutamente verde y con travías
y el Prado con caminos de hojas secas
y el olor a eucaliptus y a temprano
saludamos a usted atentamente
y desde allí los años y quién sabe

Mario Benedetti (del libro "Poemas de la oficina")
(caricatura de Julio Parissi)

Mario, no te pienso sin sangre....

Cada noche siembra alguna ausencia...

Mario, Mario, Mario.
Gracias por el fuego,
de tus palabras todas,
y por tantas tus flechas
---el corazón la diana---,
y por todos los dardos
que lanzabas al Norte.

Para una semblanza, visitar este sitio.

Y nada más porque, como nos enseña Eduardo Galeano, el dolor se dice callando.